Decisiones: lo vacío y lo desordenado
Génesis 1:1 – 2
“En el principio creó Dios los cielos y la Tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía…”
Me llama sumamente la atención que el primer versículo de la Biblia nos revele a un Dios creativo desde los inicios de la fundación de la Tierra. De hecho, si analizáramos gramaticalmente la primera oración en las Sagradas Escrituras, nos daríamos cuenta que el primer sujeto es “principio” y el primer verbo (acción) es “crear”.
Meditando sobre esto el Espíritu Santo me habló claramente en mi interior señalándome lo siguiente: cuando Dios principia una creación, muchas veces empieza encontrando las cosas desordenadas y/o vacías (según el versículo dos).
Qué bendición que haya cosas en la vida que deben acabar para que otras nuevas comiencen. El fin de un año siempre anunciará el inicio del siguiente. Y esa transición nos hace meditar sobre asuntos en nuestras vidas que de una u otra manera requieren de una intervención de nuestra parte; un “ajuste”. Iniciando el año es común que las personas se tracen metas y propósitos nuevos (o retoman aquellos que dejaron atrás) para alcanzar un estilo de vida mejor del que actualmente tienen. Si reflexionamos en cómo Dios vio la Tierra antes de que en ella creara toda su existencia, vamos a darnos cuenta que ésta estaba totalmente desordenada y vacía, y Él como un buen “Dios de orden” vino a poner las cosas en su lugar y como un Dios “creativo” de la nada hizo TODO.
Así es también cuando iniciamos creativamente un año nuevo. Te pongo un ejemplo: cuando cambias tu programación de actividades de un año al siguiente, seguramente te interesaría comprar una agenda (calendario) nueva. ¿Cómo encuentras esa nueva agenda que recién has comprado? ¿Llena o vacía? Seguramente vacía. A ti te corresponda llenarla. Pero cada actividad o evento que allí coloques será fruto de una decisión que previamente has tomado. De manera que, una buena decisión es la antesala a cualquier buena acción.
Nuestras vidas están regidas por nuestras decisiones. Hoy somos fruto de las decisiones que en el pasado tomamos. Tú estás donde estás ahora como resultado de decisiones que durante tu vida has decidido tomar. Eso sólo te dice una cosa: mañana serás el resultado de lo que decidas hacer hoy.
Así, muchas veces las decisiones que tomamos llenan un espacio que nunca
antes se había intervenido. Son aquellas que inician algo nuevo. Empezar a realizar ejercicios físicos, comer sanamente, iniciar una carrera universitaria, son ejemplos de actividades que muchos de nosotros nunca antes habíamos comenzado a hacer.
Por otro lado, muchas veces nos corresponde organizar aquello que se encuentra desordenado. Este tipo de decisiones te motivan a cambiar o modificar actitudes que previamente has tomado pero que requieren de ciertos ajustes. Volver a retomar una carrera universitaria que se dejó sin completarse o reiniciar una rutina de ejercicios abandonada acompañada de una sana alimentación, son algunos ejemplos de estilos de vida abandonados que uno muchas veces decide retomar.
El poder de una decision
En Mateo 27:15 en adelante, leemos sobre la sentencia a muerte de Jesús. Este pasaje en particular, está repleto de distintas decisiones tomadas por diferentes personas en un mismo escenario. Pilato, quien había interrogado a Jesús (el acusado) sin encontrarle delito alguno como para sentenciarlo a muerte, decidió “lavarse las manos” endosando su responsabilidad de escoger a quién liberar (como era acostumbrado librar a alguien durante las fiestas).
¡Qué curioso! El pueblo (quienes ahora juegan el papel de acusadores) deciden liberar a Barrabás (un asesino que hizo derramar sangre inocente) en vez de Jesús diciendo: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.” (v.25). Sólo por un momento, piensa en cómo te habrías sentido tú si habrías estado en la misma situación en que Jesús se encontraba. Tú de un lado de Pilato, y un famoso criminal del otro. Siendo tú inocente, esperarías que todos pronunciaran tu nombre cuando Pilato pregunta a quién liberar. Pero sucede todo lo contrario, ¡es tu nombre el que gritan sentenciando tu muerte en una cruz!
Esa tarde, un hombre vivió (Barrabás) porque el pueblo decidió que otro
muriera (Jesús). Las decisiones, por más que cueste comprenderlo son así de bipolares. En tanto dices que sí a cualquier cosa, estás diciendo que no a otra. En esta caso, mientras dijeron que sí a la vida de un culpable, dijeron que no a la de un inocente.
Muchas veces no tenemos idea del poder que desatan nuestras decisiones. Una pequeña decisión puede repercutir en toda una cadena de eventos entrelazados. Por ejemplo: Javier está estudiando y decide tomarse un vaso con agua para hidratarse un poco. Como se hidrató, se sintió mejor. Como se sintió mejor, tomó la decisión de estudiar y prepararse mejor aún. Al día siguiente debido a unas buenas horas de estudio, obtuvo una excelente calificación en la prueba. Entonces, se motivó y decidió estudiar más y más. Como resultado de su perseverancia, se graduó con honores y recibió una beca a una prestigiosa universidad a la cual decidió inscribirse. Allí, decidió juntarse con buenas personas entre las cuales conoció a una buena muchacha con quien decidió iniciar una sana amistad. Al cabo del tiempo, decidió invitarla a salir y entonces de enamoró de ella. Tomó la decisión de pedirle que fuera su novia y luego de un tiempo, resolvió pedirle que se casara con él. Juntos decidieron la fecha de la boda y al cabo del tiempo de haberse disfrutado su matrimonio planificaron su primer hijo. Fueron entonces una familia feliz, ¡y todo porque Javier tuvo sed y bebió un vaso con agua!…
¿Qué habría pasado si Javier no se hubiera hidratado, o qué habría sucedido si no habría tomado la decisión de estudiar y prepararse para el examen? Sé que mi ejemplo es radicar, pero si ilustra bien el hecho de que todas nuestras decisiones van acompañadas de un sinnúmero de consecuencias. El hecho de que estés leyendo esto es porque has decidido poner “pausa” o interrumpir cualquier otra actividad que estarías realizando en este preciso momento.
Tus decisiones escriben tu historia
El problema de la mayoría de nosotros es que estamos acostumbrados a ver las consecuencias de nuestras acciones a muy corto plazo. Pensamos (en el caso de Javier) que tomar un vaso con agua sólo nos hidratará, cuando realmente estamos haciendo más que eso. Muchas personas piensan que recibir a Jesús en su corazón sólo trae perdón a sus pecados cuando en realidad muchas cosas suceden a partir de esto: nacemos de nuevo, somos nuevas criaturas y hasta heredamos la vida eterna. ¿Qué más que eso?
Otros ni siquiera se atreven a tomarlas. Son los “Pilatos” de hoy porque
cuando ven una oportunidad de tomar una seria decisión (incluso aquellas que están entre la vida y la muerte) prefieren “lavarse las manos” y no hacer absolutamente nada, endosando las oportunidades a otras personas, y como resultado de esas actitudes, las consecuencias pueden ser hasta fatales.
La historia de tu vida va escribiéndose conforme a las decisiones que durante tu existencia irás tomando. Ahora bien, es cierto que Dios tiene planes para ti. Y su voluntad para tu vida es “buena, agradable y perfecta”. La pregunta no es si Dios tiene un destino para ti, es si tú estás dispuesto a recorrer el camino perfecto para llegar a él.
En muchas ocasiones el camino de tu vida se bifurcará (tomará dos vías distintas). Pídele a Dios que te muestre el camino correcto. Reflexionando sobre el Salmo 23 nos damos cuenta que guiar a una persona no es fácil, y menos cuando esta persona está llena de fallas y debilidades. Tenemos cosas que enderezar y cambiar porque están desordenadas e hincar otras que están “vacías” y para lograrlo necesitamos a alguien superior a nosotros.
NO se trata de no caerse ni tropezarse, sino de levantarse, siguiendo adelante tomado de la mano de alguien superior a uno. El Señor prometió guiarnos por la vida y ayudarnos cada vez que tomamos decisiones equivocadas.
Cuando Él dice “…por amor de su nombre”, es que Él asume un compromiso con Él mismo, de que nos guiará. Es su garantía que no fallará y que Él no se arrepentirá de la decisión tomada de ayudarnos todos los días. Confiar que Él estará al lado nuestro, es garantía suficiente, que tendremos una vida de éxito. “Dios mismo estará con ellos como su Dios“. Apocalipsis 21:3.
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