Skip to content

Recent Articles

27
Feb

BIENVENIDOS

¡Hola! Soy Pastor de Iglesia Resplandece y Director de Ministerio Ondas. Felizmente casado con Ma.Eugenia y padre de un precioso bebé. Desde hace 18 años, me he dedicado a la música, proyectándome como percusionista y baterista.  Mis estudios musicales me llevaron a aprender piano, guitarra y bajo desde pequeño. Y de joven, inicié mis estudios de audio y acústica.

Mi mayor anhelo es servir a Dios, mi Padre.  Predico su palabra desde hace varios años, especialmente con el mensaje de LIDERAZGO, PROPÓSITO y SUEÑOS.  Disfruto mucho compartir los principios de la Palabra de Dios con muchas personas, y he tenido la oportunidad de hacerlo en distintos medios de comunicación, así como Congresos y Seminarios.

Mi mayor sueño es poder ver la gloria de Dios manifestada en mi vida por todo lo que Él hace a través mío.  Tengo sueños y planes para el Reino en esta generación.  Mi mayor pasión: ADORAR A DIOS como un estilo de vida.

En esta edición he incluido nuevas notas y también estamos estrenando la sección de VideoBlogs. Búscame además en Facebook: (www.facebook.com/PastorFernandoArias) y en Twitter (@fernandoariash).

Disfrúta esta edición del Blog y deja tus comentarios en cualesquiera de las siguientes notas. Ya puedes “compartir”  las notas en Facebook y Twitter. También puedes visitar las páginas que se presentan en el MENÚ arriba de este sitio.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
13
Jan

Decisiones

decisionesDecisiones: lo vacío y lo desordenado
Génesis 1:1 – 2
“En el principio creó Dios los cielos y la Tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía…”

Me llama sumamente la atención que el primer versículo de la Biblia nos revele a un Dios creativo desde los inicios de la fundación de la Tierra. De hecho, si analizáramos gramaticalmente la primera oración en las Sagradas Escrituras, nos daríamos cuenta que el primer sujeto es “principio” y el primer verbo (acción) es “crear”.

Meditando sobre esto el Espíritu Santo me habló claramente en mi interior señalándome lo siguiente: cuando Dios principia una creación, muchas veces empieza encontrando las cosas desordenadas y/o vacías (según el versículo dos).

Qué bendición que haya cosas en la vida que deben acabar para que otras nuevas comiencen. El fin de un año siempre anunciará el inicio del siguiente. Y esa transición nos hace meditar sobre asuntos en nuestras vidas que de una u otra manera requieren de una intervención de nuestra parte; un “ajuste”. Iniciando el año es común que las personas se tracen metas y propósitos nuevos (o retoman aquellos que dejaron atrás) para alcanzar un estilo de vida mejor del que actualmente tienen. Si reflexionamos en cómo Dios vio la Tierra antes de que en ella creara toda su existencia, vamos a darnos cuenta que ésta estaba totalmente desordenada y vacía, y Él como un buen “Dios de orden” vino a poner las cosas en su lugar y como un Dios “creativo” de la nada hizo TODO.

Así es también cuando iniciamos creativamente un año nuevo. Te pongo un ejemplo: cuando cambias tu programación de actividades de un año al siguiente, seguramente te interesaría comprar una agenda (calendario) nueva. ¿Cómo encuentras esa nueva agenda que recién has comprado? ¿Llena o vacía? Seguramente vacía. A ti te corresponda llenarla. Pero cada actividad o evento que allí coloques será fruto de una decisión que previamente has tomado. De manera que, una buena decisión es la antesala a cualquier buena acción.

Nuestras vidas están regidas por nuestras decisiones. Hoy somos fruto de las decisiones que en el pasado tomamos. Tú estás donde estás ahora como resultado de decisiones que durante tu vida has decidido tomar. Eso sólo te dice una cosa: mañana serás el resultado de lo que decidas hacer hoy.

Así, muchas veces las decisiones que tomamos llenan un espacio que nuncadecisiones antes se había intervenido. Son aquellas que inician algo nuevo. Empezar a realizar ejercicios físicos, comer sanamente, iniciar una carrera universitaria, son ejemplos de actividades que muchos de nosotros nunca antes habíamos comenzado a hacer.

Por otro lado, muchas veces nos corresponde organizar aquello que se encuentra desordenado. Este tipo de decisiones te motivan a cambiar o modificar actitudes que previamente has tomado pero que requieren de ciertos ajustes. Volver a retomar una carrera universitaria que se dejó sin completarse o reiniciar una rutina de ejercicios abandonada acompañada de una sana alimentación, son algunos ejemplos de estilos de vida abandonados que uno muchas veces decide retomar.

El poder de una decision

En Mateo 27:15 en adelante, leemos sobre la sentencia a muerte de Jesús. Este pasaje en particular, está repleto de distintas decisiones tomadas por diferentes personas en un mismo escenario. Pilato, quien había interrogado a Jesús (el acusado) sin encontrarle delito alguno como para sentenciarlo a muerte, decidió “lavarse las manos” endosando su responsabilidad de escoger a quién liberar (como era acostumbrado librar a alguien durante las fiestas).

decisiones¡Qué curioso! El pueblo (quienes ahora juegan el papel de acusadores) deciden liberar a Barrabás (un asesino que hizo derramar sangre inocente) en vez de Jesús diciendo: “Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos.” (v.25). Sólo por un momento, piensa en cómo te habrías sentido tú si habrías estado en la misma situación en que Jesús se encontraba. Tú de un lado de Pilato, y un famoso criminal del otro. Siendo tú inocente, esperarías que todos pronunciaran tu nombre cuando Pilato pregunta a quién liberar. Pero sucede todo lo contrario, ¡es tu nombre el que gritan sentenciando tu muerte en una cruz!

Esa tarde, un hombre vivió (Barrabás) porque el pueblo decidió que otro decisiones-4muriera (Jesús). Las decisiones, por más que cueste comprenderlo son así de bipolares. En tanto dices que sí a cualquier cosa, estás diciendo que no a otra. En esta caso, mientras dijeron que sí a la vida de un culpable, dijeron que no a la de un inocente.

Muchas veces no tenemos idea del poder que desatan nuestras decisiones. Una pequeña decisión puede repercutir en toda una cadena de eventos entrelazados. Por ejemplo: Javier está estudiando y decide tomarse un vaso con agua para hidratarse un poco. Como se hidrató, se sintió mejor. Como se sintió mejor, tomó la decisión de estudiar y prepararse mejor aún. Al día siguiente debido a unas buenas horas de estudio, obtuvo una excelente calificación en la prueba. Entonces, se motivó y decidió estudiar más y más. Como resultado de su perseverancia, se graduó con honores y recibió una beca a una prestigiosa universidad a la cual decidió inscribirse. Allí, decidió juntarse con buenas personas entre las cuales conoció a una buena muchacha con quien decidió iniciar una sana amistad. Al cabo del tiempo, decidió invitarla a salir y entonces de enamoró de ella. Tomó la decisión de pedirle que fuera su novia y luego de un tiempo, resolvió pedirle que se casara con él. Juntos decidieron la fecha de la boda y al cabo del tiempo de haberse disfrutado su matrimonio planificaron su primer hijo. Fueron entonces una familia feliz, ¡y todo porque Javier tuvo sed y bebió un vaso con agua!…

¿Qué habría pasado si Javier no se hubiera hidratado, o qué habría sucedido si no habría tomado la decisión de estudiar y prepararse para el examen? Sé que mi ejemplo es radicar, pero si ilustra bien el hecho de que todas nuestras decisiones van acompañadas de un sinnúmero de consecuencias. El hecho de que estés leyendo esto es porque has decidido poner “pausa” o interrumpir cualquier otra actividad que estarías realizando en este preciso momento.

Tus decisiones escriben tu historia

El problema de la mayoría de nosotros es que estamos acostumbrados a ver las consecuencias de nuestras acciones a muy corto plazo. Pensamos (en el caso de Javier) que tomar un vaso con agua sólo nos hidratará, cuando realmente estamos haciendo más que eso. Muchas personas piensan que recibir a Jesús en su corazón sólo trae perdón a sus pecados cuando en realidad muchas cosas suceden a partir de esto: nacemos de nuevo, somos nuevas criaturas y hasta heredamos la vida eterna. ¿Qué más que eso?

Otros ni siquiera se atreven a tomarlas. Son los “Pilatos” de hoy porque decisiones-2cuando ven una oportunidad de tomar una seria decisión (incluso aquellas que están entre la vida y la muerte) prefieren “lavarse las manos” y no hacer absolutamente nada, endosando las oportunidades a otras personas, y como resultado de esas actitudes, las consecuencias pueden ser hasta fatales.

La historia de tu vida va escribiéndose conforme a las decisiones que durante tu existencia irás tomando. Ahora bien, es cierto que Dios tiene planes para ti. Y su voluntad para tu vida es “buena, agradable y perfecta”. La pregunta no es si Dios tiene un destino para ti, es si tú estás dispuesto a recorrer el camino perfecto para llegar a él.

En muchas ocasiones el camino de tu vida se bifurcará (tomará dos vías distintas). Pídele a Dios que te muestre el camino correcto. Reflexionando sobre el Salmo 23 nos damos cuenta que guiar a una persona no es fácil, y menos cuando esta persona está llena de fallas y debilidades. Tenemos cosas que enderezar y cambiar porque están desordenadas e hincar otras que están “vacías” y para lograrlo necesitamos a alguien superior a nosotros.

NO se trata de no caerse ni tropezarse, sino de levantarse, siguiendo adelante tomado de la mano de alguien superior a uno. El Señor prometió guiarnos por la vida y ayudarnos cada vez que tomamos decisiones equivocadas.

Cuando Él dice “…por amor de su nombre”, es que Él asume un compromiso con Él mismo, de que nos guiará. Es su garantía que no fallará y que Él no se arrepentirá de la decisión tomada de ayudarnos todos los días. Confiar que Él estará al lado nuestro, es garantía suficiente, que tendremos una vida de éxito. “Dios mismo estará con ellos como su Dios“. Apocalipsis 21:3.

Ministerio Ondas, Guatemala, C.A. (c) 2010. www.ministerioondas.com

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
13
Nov

ACTITUD CORRECTA

30327509No es la primera vez que uso el modelo “Egipto-Desierto-Tierra Prometida” para hablar sobre el cumplimiento de propósitos. Pero en esta ocasión, deseo hacer sólo una muy breve reflexión sobre la actitud correcta que debemos adoptar cuando salimos de aquellos lugares desde los cuales Dios nos habla, hacia aquellos a los que Dios nos envía.

Se había cumplido el tiempo de Dios para que su pueblo viviera el Éxodo. Sin embargo, a través de toda la trayectoria, me llama mucho la atención el problema principal por el cual no prosperaba el viaje por el desierto. De alguna u otra forma, el pueblo encontraba otra razón para atrasar más su entrada a una tierra conquistable y triunfal. Pero, ¿qué es lo que sucedía? Hoy deseo hacer esta pequeña reflexión sobre las actitudes correctas para pasar de ser conquistados a conquistadores:

Presta atención a esto: Tú puedes salir de Egipto, ¡pero no olvides que Egipto también debe salir de ti!

Muchas personas salen de las tribulaciones, pero las tribulaciones nunca abandonan sus mentes y los atormentan: eso es un desierto… para entrar en las promesas de Dios para nuestras vidas, debemos renovar nuestros pensamientos para tener el carácter y la disposición correcta para pasar de ser conquistados, a ser grandes conquistadores.

Recuérdalo: Tú puedes salir de Egipto, ¡pero no olvides que Egipto también debe salir de ti!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
15
Oct

Libres para confiar (parte 2)

prayerEn “Libres para confiar (Parte I)” vimos que no sólo se trata de aprender a confiar en Dios, sino de pedirle a Dios que tampoco deje de confiar en nosotros para cumplir sus planes. Concluyamos pues, esta reflexión sobre cómo ser libres para confiar.

 

Es común escuchar entre las personas que si tuvieran la oportunidad de pedir tres cosas –cualesquiera- la mayoría tiende a mencionar: salud, dinero y amor; y en ese orden.  Quizás algunos especifiquen que anhelan es ser sanos de alguna enfermedad (eso cabe en la categoría de salud), otros pedirán éxito en sus negocios (lo cual suele implicar prosperidad económica) y quizás algunos mencionen (parejas, matrimonio, restauración familiar, etc.) que sería, en resumen, amor (o al menos afecto).

 

No importando cómo se ordenen o especifiquen, conforman las tres peticiones más comunes en el mundo, sin discriminar culturas, religiones, clases o grupos sociales. ¿Tendrá algo de malo anhelar prosperidad en esas tres áreas? Desde luego, no.

 

Pero analicemos esta conocida e interesante historia. ¿Qué fue lo que el rey Salomón le pidió a Dios cuando Dios le dijo que le pidiera lo que quisiera? (1 Reyes 3:3-15). Salomón amó a Dios, guardó sus estatutos y reconoció que Dios es grande en misericordia, sobre todo con los que andan delante de Él en verdad, en justicia y en rectitud de corazón.  A cambio, Salomón tuvo la oportunidad pedir a Dios lo que quisiera, pero a pesar de ser un muchacho joven, reconoció algo prioritario y le pidió a Dios un corazón entendido (sabiduría), para juzgar al pueblo y para poder reconocer lo bueno y lo malo.  Dios en recompensa le añadió a Salomón riquezas, reconocimiento y gloria.

 

De manera que aquí tenemos el ejemplo de alguien que no pidió ninguna de las tres peticiones humanas más comunes: salud, dinero y amor. En cambio pidió algo que en lo personal me impresiona grandemente: la sabiduría -para administrarlo todo-.

 

En realidad, la gente suele pedir salud, dinero y amor, debido a que nunca se han dado cuenta que las tienen, o bien, porque los han perdido. ¿Estás vivo? Sí, entonces entiendes qué es salud. ¿Te ha faltado alimento o vestuario? No. Entonces has tenido dinero con lo cual has podido sustentarte.  ¿Crees en Dios y en su Hijo? Sí, entonces has experimentado el amor. El problema es que queremos lo mismo pero en otras dimensiones, o quizás, otras manifestaciones. Es decir, no estamos conformes con sólo vivir, porque estamos tan acostumbrados a ello que nos cuesta agradecer un día más de existencia; cualquier alimento o vestuario no nos satisface y nuestra relación con un Ser Supremo pareciera a veces insuficiente.

 

Por si fuera poco, una vez alcanzamos la salud, el dinero y el amor, los confiamos a estándares de cuidado humanos e imperfectos. En cuanto a la salud, existen más personas dispuestos en confiar más en un fármaco que en la sangre de Cristo que nos sana, en un banco o un prestamista, que en el Dios del oro y de la plata y en una relación humana temporal que en una relación espiritual eterna.

 

Salmos 37: 4 – 5: Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5 Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.

 

Lo que atrae mi atención de este versículo es que Dios nos invita a deleitarnos en su presencia, aprendiendo a confiar en él, y en consecuencia él hará. Sin embargo, muchas veces hay personas que están dispuestas a confiar en Dios a partir de que les conceda lo que piden. En realidad, la Palabra nos enseña a hacer de una manera diferente. Deléitate, Encomiéndate, Confía y Recibe. ¡Qué bendición saber que podemos deleitarnos sabiendo que élprayer-21 obrará por nosotros! Ese es el nivel de confianza que Dios te invita a depositar en él.

 

De manera que toda tu salud, todo tu dinero y todo tu amor no tienen por qué descansar en manos humanas, cuando la Palabra te invita a encomendarlas a Dios. En manos de hombre pueden escurrirse o colarse entre los dedos y echarse a perder, pero en manos de tu Padre Celestial no sólo están seguras sino seguramente bendecidas.

 

En resumen, no descartemos que la confianza involucra a dos partes: alguien quien confía y a otro en quien es depositada la confianza. Debemos aprender a confiar a Dios todo cuanto nos pertenece, como también pedirle a Dios que confíe en nosotros la buena y sana administración de los regalos que nos da.   

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
27
Sep

Libres para Confiar (parte 1)

walkonwaterDebes aprender confiar en Dios, así como también pedirle a Dios que nunca deje de confiar en ti para cumplir sus planes en tu vida. Déjame contarte la historia de Charles Blondin (28 de febrero de 1824 – 19 de febrero de 1897): equilibrista de cuerda floja y acróbata francés.

 

Su nombre real era Jean-François Gravelet, siendo conocido también por los nombres de Charles Blondin o Jean-François Blondin, o simplemente “El Gran Blondin”. A los cinco años de edad lo enviaron al École de Gymnase en Lyon y, luego de seis meses de entrenamiento como acróbata, realizó su primera aparición en público como “La pequeña Maravilla”. Su consumada destreza y gracia como también su originalidad en la composición de sus actos lo hizo un favorito del público.

 

Parte de la celebridad y fortuna la logró Blondin gracias a su idea de cruzar las cataratas del Niágara caminando sobre una cuerda a una altura de 50m sobre el agua. El trayecto tenía 335m de largo. Realizó este cruce por primera vez en 1859, y luego varias veces más, siempre con distintas variaciones: con los ojos vendados, dentro de una bolsa,charles_blondin arrastrando una carretilla, con zancos y cargando un hombre sobre su espalda (su agente, Harry Colcord), tomando asiento a mitad de camino para cocinar y comerse un omelet.

 

Una anécdota de su vida que a mí personalmente me pareció fascinante es sobre la vez que Blondin pasaba las Cataratas del Niágara de lado a lado en una cuerda sobre su monociclo. Su animador gritaba: “¿Cuántos creen que Blondin puede cruzar con una silla equilibrada en su frente?” -“¡Yo, yo, yo, lo creo!”, exclamaban todos.  

 

“¿Y cuántos creen que Blondin puede pasar con dos sillas sobre su frente?, -“¡Yo, yo, yo, lo creo!”, exclamabas todos de nuevo.  Luego de varios actos fascinantes, preguntó el animador de nuevo: “¿Cuántos creen que Blondin puede pasar con una persona sobre él?, -“¡Yo, yo, blondin2yo!”, gritaban más eufóricamente.   -“¿Y quién quiere ser el voluntario?”…un silencio sepulcral. Todos creían pero ninguno confiaba su vida a él, al final el animador mismo se subía y todos aplaudían.

 

 

 

Aprender a confiar es algo que a muchas personas les cuesta hacer. Muchas personas están dispuestas a confiar en que Dios puede hacer cosas fascinantes con otros, pero pocos están dispuestos a atreverse a que Dios los use para cumplir metas increíbles usándolos a ellos también.  Estamos muy acostumbrados a los “controles de riesgo”.  Nos alegra y emociona ver lo que Dios puede hacer con otros, pero no estamos dispuestos a ser exhortados para cumplir tareas más allá de lo que nuestras comodidades nos permiten hacerlo.

 

Se viene a mi mente la imagen de los discípulos de Jesús en una barca, que en medio de una tormenta, vieron que a pocos metros de ellos, un “fantasma” caminaba sobre las aguas. Uno de ellos (Pedro), sin embargo, jesus-walking-on-waterya había identificado que era Jesús, su Maestro, quien caminaba a pocos metros de donde ellos se encontraban.  Y entonces, en un momento de valentía y coraje, Pedro se armó de fe y empezó a caminar como Jesús lo hacía.  Sin embargo, no tardó en reconocer que su entorno natural (las olas, el viento, etc.) no estaban a su favor, de manera que después de haber confiado en sí mismo que podría realizar una hazaña sobrenatural, temió y empezó a hundirse. Al final, Jesús lo tomó de su mano, y caminaron juntos hacia la barca.

 

A diferencia del público de Blondin, hubo un espectador que sí se atrevió a realizar lo que otros temieron o nunca pensaron hacer. Aunque fracasado en su intento, Pedro sí confió en que podría hacer lo que su Señor hacía y dio sus primeros pasos. En la historia de Blondin, nadie se atrevió siquiera a intentarlo. 

 

caminar-sobre-el-agua-b¿Te has preguntado qué nivel de confianza es la que tienes en Dios?  Si habrías estado presente en las dos historias anteriores, ¿cuál habría sido tu reacción en ambas?  Quizás argumentes que en una de ellas aparece Jesús y en la otra no, y que por lo tanto te habrías aventurado más en la historia de la barca que en la de Blondin.  Pero, ¿acaso no te ha prometido Dios cuidar de ti en medio de cualquier circunstancia? ¿No hay acaso 66 libros en la Biblia repletos de promesas para tu vida? ¡Es el Espíritu de Dios hablándote que todo lo puedes hacer en Cristo que te fortalece, que nunca te dejará y nunca te desamparará, que su Presencia siempre irá contigo, que no temas porque él está contigo!  Había doce discípulos en esa barca, y sólo uno se atrevió a hacer lo que Pedro hizo.  ¡Uno de doce! Eso es igual a un 08 por ciento.  En realidad me atrevería a pensar que en el Reino de los Cielos establecido acá en la Tierra, sólo un pequeño porcentaje (similar al anterior) realmente activa su confianza en Dios de tal manera que llevan a cabo esas misiones extraordinarias que otros nunca se atreverían a emprender por miedo a fracasar o hasta morir.

 

El valor más grande que entre amigos puede haber es su mutua confianza.  Debemos aprender a decirle a Dios que tampoco deje de confiar en nosotros.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
11
Sep

Salud, Dinero y Amor

fernando Arias, ministerio ondas, iglesia Resplandece Es común escuchar entre las personas que si tuvieran la oportunidad de pedir tres cosas –cualesquiera- la mayoría tiende a mencionar: salud, dinero y amor; y en ese orden. Quizás algunos especifiquen que anhelan es ser sanos de alguna enfermedad (eso cabe en la categoría de salud), otros pedirán éxito en sus negocios (lo cual suele implicar prosperidad económica) y quizás algunos mencionen (parejas, matrimonio, restauración familiar, etc.) que sería, en resumen, amor (o al menos afecto).

No importando cómo se ordenen o especifiquen, conforman las tres peticiones más comunes en el mundo, sin discriminar culturas, religiones, clases o grupos sociales.

En tu opinión, ¿tendrá algo de malo anhelar prosperidad en esas tres áreas? ¿Es este el orden que merecen esas prioridades, 1. Salud, 2. Dinero, 3. Amor?

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
3
Sep

Primer Podcast!

Prueba PodCast (mp3)

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
1
Sep

Las matemáticas de Dios

Mientras bajaba bolsas del supermercado no pude pasar por alto que Dios es bueno y ha suplido nuestras necesidades con Ma.Eugenia. Estoy aprendiendo las matemáticas de Dios porque he recibido más de sus manos que lo que mi salario podría pagar. Las personas que entran a nuestra casa han escuchado el testimonio de cómo, desde que nos casamos, Dios nos ha provisto de casi todo lo que nos rodea. Cada vez que paso por el primer nivel de nuestra residencia y veo la gracia y el favor de Dios en cada semilla, sé que Dios me recuerda que él es mi principal proveedor y no mi salario. Quizàs, en mi caso, si yo hubiera suplido todo lo que allí está, habría atribuído la provisión de mi hogar sólo a mi ingreso mensual y no cedería el lugar que a Dios le corresponde en nuestro hogar, sobretodo siendo ahora nosotros una familia pastoral.

Hace unos meses, mientras platicaba con un amigo, salió a tema que deberíamos buscar un lugar más económico para practicar un deporte que a ambos nos gusta. No pasó mucho tiempo sin que una voz hablara a mi espíritu diciéndome: en vez de buscar un lugar más “barato”, mira cómo aumentas tu productividad y pagas el mejor. ¡Qué razón tenía Dios! Solemos ajustar nuestro presupuesto a nuestras capacidades cuando en realidad el deseo de Dios es que podamos disfrutar en paz lo mejor que él tiene para darnos. No es que esté en contra de la prudencia o los presupuestos. Creo que ambos son fruto de nuestra sensatez como hijos de Dios y nos guían para tomar decisiones sabias en cuanto a nuestras finanzas. Sin embargo, también creo que Dios nos invita a tener la convicción de vere a futuro lo que no se ve hoy y a llamar las cosas que no són aún como si ya fuesen. De manera que Dios siempre tienen mejores planes para la vida de uno que los que uno, en toda una vida, planea para sí.

No caigas en la comodidad de tener que ajustarte a las cosas por el simple hecho de no querer dar un paso de fe y aumentar tu productividad pidiéndole a Dios que te bendiga con más para que también puedas disfrutar “más y mejor” las cosas que tiene para ti. Es tiempo de que ya no le preguntes a tu billetera si puede hacer algo por ti y comiences a decirle a la billetera lo que debe hacer por ti. Tú debes ejercer dominio sobre tus finanzas y no ellas sobre ti. Al menos, ejercita tu fe creyendo que lo que ahora tienes, algún día será mejor. Las sociedades conformistas rara vez trascienden, y se estancan en un mundo tercermundista, disfrazando su estado de quietud con la frase “en vías de desarrollo”.

No pongas tu esperanza en un aumento salarial y empieza descubrir las matemáticas de Dios: él puede hacer que cinco panes y dos peces alimenten a cinco mil personas (¡y aún sobre!). MEJOR AUMENTA TU FE y CREE más en Dios que te da oportunidad que en las oportunidades mismas. Recuerda: hay que darle al dinero el lugar que le corresponde: la billetera, nunca el corazón.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
27
Aug

¡Él no te suelta!

No cabe duda que Dios es bueno! Al caminar sobre las aguas, es inevitable prestar atención a las olas y los vientos que vienen contra nosotros. Damos el primer paso y quizá el segundo pero nuestra fe nos falla y entonces comenzamos a hundirnos. En medio de nuestra tribulación, casi cuando sentimos que vamos a morir, Jesus nos toma de la mano y lleva de vuelta a la barca. Cuando estás tomado de la mano de alguien a quien los vientos y las olas obedecen, no sientes temor. Aférrate a la mano de Dios y verás que no caerás. Él es el que te sostiene y levanta tu cabeza! No temas, sigue adelante, su mano poderosa te levanta y no te suelta!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
24
Aug

La historia de cómo fuimos llamados a Pastorear

Si hay alguien que puede decirte que los sueños de Dios se hacen realidad para los que permanecen en Él soy yo. Sé que no es fácil, pero soy testimonio de que su voluntad para nosotros es buena, agradable y perfecta.

Años atrás, decidí servir al Señor como músico-adorador en su casa. Siempre serví con pasión y entrega y me dediqué a adorarlo con todo mi corazón domingo tras domingo en iglesias a las que hoy aprecio muchísimo. A los 25 años, Dios habló claramente a mi corazón y puso una pasión diferente. Algo que no había conocido hasta entonces: aprender a descubrir mi propósito en la Tierra y comprender que los sueños que Él tenía para mí eran mejores que los que yo soñaba a solas. Comprendí que los planes que como Padre, Dios tenía para mi vida eran mejores que los que yo en toda una vida podría esperar para mí. Supe que no se trabada de mí sino de Él. Al vivir esa Palabra, me dediqué a buscar oportunidades para enseñarles a otros lo que yo había aprendido. Nació entonces, en noviembre 2005, Ministerio Ondas.

Retiro "Tu Refugio con Dios" 2008

Ministerio Ondas nació con la visión de ser un ministerio de excelencia, luz a las naciones, que uniría los sueños de los adoradores con el propósito de Dios para sus vidas. Era un alineamiento entre metas humanas y propósitos divinos. Buscaría, junto a un equipo de líderes con los que Dios me permitió iniciarlo, oportunidades para que los adoradores se apasionaran por conocer el verdadero sentido de sus vidas. Ya había escuchado la premisa: “las artes para Cristo”, pero en mi corazón quería llegar a un paso más adelante: “los artistas”. Estaba plenamente convencido que a Dios no le interesaban tanto las artes como los artistas bajo la premisa que él ama a sus hijos (artistas) más que lo que ellos hacen (artes). Me propuse entregarme por completo a esa misión ofreciendo apoyo técnico, espiritual y ministerial a quienes llegaran al Ministerio en búsqueda de algo diferente. Se dice fácil, pero son seis años de trabajo arduo con todo y sus altibajos. Sin embargo, la recompensa mayor se recibe cuando uno escucha / ve a personas que no tenían sueños, decir que ya sueñan. Otros que los tenían, pero que los calificaban de imposibles, ahora están viviéndolos. En fin, a pesar de muchos (porque sí son muchos) fracasos y problemas, Dios ha sido fiel y la obra aún continúa creciendo.

En este trayecto, me enamoré de una mujer maravillosa. Una amiga incomparable, Ma. Eugenia con quien me casé en abril 2010. Nos conocimos en la alabanza de la Iglesia en la que servíamos. Ella en el coro y yo como músico. Antes de oficialmente congregarme en esa Iglesia, fui invitado a participar como músico en un evento juvenil en el Parque de la Industria. Era la Iglesia a la que mi madre ya asistía. Uno de los músicos de esa Iglesia me conocía y me pidió que los apoyara. Llegué a la prueba de sonido una noche previa al evento. Fui el primero de los músicos en llegar y me atreví a bajar mi percusión del carro y la subí a la plataforma. Mientras acomodaba mis “chivas”, noté que muchos jóvenes estaban colocando y limpiando sillas alrededor de todo el recinto. Afiné mis congas y con el tiempo apareció mi amigo quien me pidió que lo ayudara a bajar sus cosas del carro. En el camino de vuelta al escenario, ya habiendo descargado del auto lo que necesitaba, nos topamos con una mujer, y ellos conociéndose, intercambiaron unas cuantas palabras, mas no fui presentado. Esa mujer sostenía en su mano un “trapito” con el que limpiaba las sillas plásticas, pero no intercambiamos una sola palabra esa noche.
 
No pasaron muchos días, cuando mi mamá nos pidió a mis hermanos y a mí que nos congregáramos en un solo lugar. Estábamos dispersos y su anhelo era que fuéramos a recibir Palabra juntos. Me costó mucho, pero me sujeté a sus instrucciones. Después de una difícil despedida de la Iglesia a la cual amé y serví durante muchos años, accedí y me pasé a este nuevo ministerio. Casi de inmediato fui invitado a participar en el ministerio de alabanza y me integré sin pensarlo. Llevaba en ese entonces 12 años siendo músico. En su culto o servicio de un martes, fui presentado como el nuevo percusionista y recuerdo muy bien que nuevamente tenía frente a mí a la mujer del “trapito” quien me sonreía con mucha delicadeza mientras era introducido formalmente al resto del grupo. Con el tiempo, me di cuenta que ella y yo solíamos ser los primeros en llegar a los servicios y ensayos, de manera que empezábamos a platicar mucho antes de que llegaran los demás. Esas pláticas hicieron con el tiempo que se entablara una preciosa amistad entre nosotros.

Era la costumbre, terminar de ensayar o servir en un culto y salir todos

con Ma.Eu en su cumpleaños (Feb.16, 2007)

(sonidistas, coro y músicos) a comer. Siempre buscaba la oportunidad de sentarme junto a ella porque realmente me agradaba la plática. No obstante, en una ocasión, los planes de salir se frustraron y le ofrecí llevarla a su casa. Casi llegando, me atreví a decirle: “Yo sí quería salir a comer. ¿Usted no quisiera ir aunque sea sólo los dos?” Ella accedió y eso fue el inicio de una relación de amistad, luego noviazgo y hoy matrimonio bendecido por Dios.

Al mes de salir, salimos a cenar y yo quise declararle lo que realmente sentía por ella. Pero, me rehusé a soltar la típica pregunta: “¿quiere ser mi novia?” y en su lugar, le pregunté cuáles eran sus sueños y, desde luego, le conté los míos. Al terminar, en medio de nervios, le dije que yo quería ser parte de su futuro y que la quería a ella en el mío. No estaba interesado en ella para ver “qué pasaba”. Sabía que ella tenía un propósito de Dios y yo el mío, pero en mi corazón había un convencimiento de que los sueños de ella y los míos encajaban perfectamente bien para cumplir uno solo en conjunto. De novios, ella me comentó cómo de pequeña, cuando vivía en El Salvador, había sido ministrada en un encuentro (retiro espiritual) porque pidieron que todos aquellos que Dios les había hablado a su corazón que tenían un llamado especial en el ministerio pasaran adelante. Ella lo hizo. Muchos esperan manifestaciones sobrenaturales increíbles, pero mi esposa se aferró a la voz interna que le decía que había nacido para eso. Por mi parte, le conté cómo a través de muchos años, Dios estaba trabajando lo mismo en mi vida y entonces decidimos dejar nuestro futuro en Sus manos. A veces metemos mucho “la pata” por no dejarlo a Él meter “sus manos”.

A lo largo de nuestra relación, nuestro amor por el prójimo fue aumentándose y cada vez más se activaba algo nuevo en nosotros. Recuerdo que cuando iniciábamos nuestra relación le comenté a ella que yo quería servir al Señor a tiempo completo. Lo consideré importante porque no quería que se sorprendiera algún día por nunca habérselo dicho. Tal vez, sus planes y proyectos de servir a Dios eran distintos a los míos y era mejor que de una sola vez nos lo hiciéramos saber. Ella me dijo que no se imaginaba haciendo otra cosa en la vida más que sirviéndolo de igual manera que yo. Encaje perfecto. Prioridades alineadas. Sueños compatibles. Atracción mutua. Fórmula perfecta.

Durante nuestro noviazgo ella ejerció un papel de apoyo en Ministerio Ondas. Nunca quiso que le llamaran “directora” o “líder”, sino simplemente ser una “ondera” más que apoyaba y amaba al Fundador. Se mantuvo lejana de tomar decisiones y, aunque sí atendía y servía con amor, solía decir que mientras fuera mi novia, se reservaría a dar algunos consejos y ayudar en otros asuntos, pero que la autoridad la tendría yo. Supongo que quiso ser muy prudente y siempre admiré su paciencia, porque a solas, siempre me confesaba el profundo anhelo que tenía de activar su liderazgo, pero que ante Dios ella sabía que debía esperar el tiempo adecuado. Persona correcta; lugar correcto; tiempo incorrecto = Sueño en proceso de formación (no aún en cumplimiento).

Iniciamos el noviazgo el 23 de diciembre de 2006. Le pedí que se casara conmigo el 23 de julio de 2009. Nos casamos el 23 de abril de 2010.

El ministerio pastoral fue tomando forma en el inicio de nuestro matrimonio. Ambos ya teníamos en nuestro corazón el profundo deseo de servirlo a Él, mas sabíamos que debíamos esperar pacientemente. Le entregamos a Dios el ministerio para que él nos dijera y activara en el momento más adecuado. Incluso, el nombre de la Iglesia se lo dejamos a Él. En un congreso para pastores y líderes en Guatemala, al que habíamos sido invitados, Dios depositó en nosotros una promesa, derramándose sobre nosotros al decirnos que nos llamaría para darle pan espiritual (Su Palabra) al hambriento. Que nos levantaría como pareja para ser luz a las naciones y que su presencia estaría con nosotros siempre.

Unas noches después de ese glorioso momento, me desperté de madrugada con un terrible dolor de muela. Mi esposa duerme profundamente en las madrugadas de manera que no me preocupé en molestarla. Sin embargo, esa noche mientras me veía en el espejo, ella apareció con mucho entusiasmo y me asustó al decir con fuerza: “Ya tengo el nombre de la Iglesia, ¡Dios me lo dio!” Con una cara de confundido le pregunté cuál era. Ella respondió: “Resplandece”. Yo conozco bien a Ma. Eugenia y sé cómo duerme en las noches, así que tomé eso como una experiencia muy espiritual porque ella no suele levantarse con ese ánimo por cualquier cosa. Así que confié en su palabra y decidimos ponerle “Resplandece” a la Iglesia. Al día siguiente, recordé el pasaje que Dios nos había profetizado en el Congreso de Pastores y era Isaías 60, verso 1 en adelante: “¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado! ¡La gloria del Señor brilla sobre ti! Mira, las tinieblas cubren la tierra, y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos. Pero la aurora del Señor brillará sobre ti; ¡sobre ti se manifestará su gloria! Las naciones serán guiadas por tu luz, y los reyes, por tu amanecer esplendoroso. Alza los ojos, mira a tu alrededor: todos se reúnen y acuden a ti. Tus hijos llegan desde lejos; a tus hijas las traen en brazos. Verás esto y te pondrás radiante de alegría; vibrará tu corazón y se henchirá de gozo; porque te traerán los tesoros del mar, y te llegarán las riquezas de las naciones.” (NVI)

Este pasaje es el fundamente bíblico de nuestro ministerio. En la inauguración de la Iglesia, y durante nuestra consagración y activación pastoral, nos declararon muchas bendiciones y profecías. Curiosamente, Mónica José, quien Dios usó para ungirnos en esa ocasió, declaró sobre mi vida todos los versículos que mi madre de pequeño me decretaba todos los días. No cabe duda que lo que sale de nuestra boca hacia nuestros hijos tiene su cosecha.  

A pocos días de aquél congreso de liderazgo, Ma. Eugenia me dio la noticia que seríamos padres. Una noticia que nos cambió radicalmente la vida para bien. Nos llenamos de gozo cuando supimos que seríamos papás por primera vez. En ese proceso, Dios habló claro a mi corazón y me dijo que el nacimiento de nuestro hijo marcaría el inicio del nacimiento de su sueño para nosotros, ya que Ministerio Ondas había nacido en mi soltería y éste nuevo ya como pareja unida por Él. De manera que proféticamente decidimos esperar los nueve meses.

Fue sorprendente cómo los nueve meses de embarazo de Ma. Eugenia sucedían, paralelamente, otros síntomas en el embarazo espiritual en el vientre de ambos: ¡Iglesia Resplandece venía en camino! Dios cumplió su Palabra. Hasta la fecha, la gente ha venido a Resplandece guiados por la luz de Dios que brilla en este ministerio.

La inauguración, este pasado 21 de agosto, 2011, fue un acontecimiento que nuevamente cambió nuestras vidas para siempre. Nuestra responsabilidad es grande: debemos guiar a los hijos de Dios de vuelta a casa, donde pertenecen. Nuestra misión está orientada a amar a las personas ofreciendo el mismo cuidado que un buen padre tiene por sus hijos, levantándolas para que maduren íntegramente en todas las áreas de su vida estableciendo el Reino de Dios en sus vidas y en las de los demás.

Cualquiera que lea este testimonio (o cuando me escucha contarlo) podrá ver que he dedicado mucho espacio para contar el testimonio de nosotros como pareja. Pero, ¿acaso no es así como nos ve Dios? ¿No somos acaso la esposa que Dios viene a recoger? No se refiere Él a su venida como las “Bodas del Cordero”. En nuestro caso, todo lo que hacemos con Ma. Eugenia (la preciosa mujer de un trapito que una vez me atrevía a invitarla a cenar, y con quien pacientemente esperamos años para llegar hasta aquí) gira entorno a Jesús y la voluntad de nuestro Padre para nosotros. De manera que no puedo contar la historia de cómo me hice pastor sin mencionarla a ella porque precisamente con ella es que Dios me llamó a servir. Las cosas sólo pasan por casualidad si tú decides creerlo así, mas si en las manos de Dios está toda tu vida, lo que acontece es porque Dios está obrando.

Ambos Ministerios: Ondas, y ahora, Iglesia Resplandece, han nacido con el único propósito de hacer cumplir la voluntad de Dios para quienes la conformamos. Nuestro deseo más grande es agradarlo a Él. No existe sueño que haya nacido en el corazón de Dios que no incluya personas. Sabemos que hemos nacido para ser bendecidos por él y para ser de bendición a alguien más. Te invitamos a que te acerques y nos conozcas. ¡Bendiciones!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
13
Aug

Querido líder: qué hago…

Con frecuencia, suelo estar expuesto a preguntas como esta: “Líder: ¿qué hago?”.  Dios me ha dado facultades para poder ministrar y dar consejería a muchas personas. Lo que pocos saben es que al escuchar esta pregunta, yo mismo formulo otra inmediatamente, “Dios, ¿qué hago, yo?”.  

Dios está buscando a líderes, embajadores de su Reino, que estén dispuestos a decir en la Tierra lo que Él dice en el cielo.  Aprender a escuchar la voz de Dios en todo momento es imprescindible a la hora de ser abordado para pedir consejos. Para ello, se debe tener un espíritu muy sensible y conectado al corazón de Dios para responder según lo que Él piensa y no según nuestra propia naturaleza humana.  “Oirás, pues, la voz de Jehová tu Dios, y cumplirás sus mandamientos y sus estatutos, que yo te ordeno hoy.” (Dt. 27:10).

Las personas, por lo general, siempre buscan algo que nosotros tenemos. Quien se aproxima a nosotros, reconoce que tenemos algo que a ellos aparentemente les falta.  En la mayoría de casos, tenemos en nuestras manos la pieza del rompecabezas que han perdido o que nunca han conocido.  Sin embargo, el delicado papel que le corresponde al líder tomar, debe ser tratado con la debida seriedad.

Poco se habla de por qué el pueblo de Israel pereció en el desierto.  Moisés tenía prácticamente la exclusividad en la comunicación entre Dios y su gente.  Había sido electo por Dios para ser levantado como líder, pero escogido por la gente para representarlos ante Él. Ellos temían estar expuestos a la voz de Dios, por lo que pidieron a Moisés que fungiera de intercomunicador entre Dios y su gente. 

En consecuencia, nunca aprendieron a oír directamente la voz de un Padre, sino de un líder intermediario.  ¿Cómo te sentirías tú, si te dijeran que, como papá, ya no tendrás comunicación directa con tu hijo; o bien, si como hijo te dijeran que ya no tendrás entrada a la recámara de tu padre para hablar con él?  Pues el pueblo escogió que alguien más hablara por Dios, y Moisés no dedicó tiempo a enseñarles a escuchar a Dios. 

Cuando usualmente las personas vienen a mí pidiendo consejo, suelo simultáneamente hablar con Dios por un breve instante (a esto yo le llamo “paréntesis espiritual”: tener mis oídos prestos a escuchar a la persona, pero mi corazón atento al Espíritu Santo) y le pregunto, “Padre, ¿responderás tú, o respondo yo por ti?”  A menudo sé que Dios quiere tratar con la persona, y en otras ocasiones siento al Espíritu de Dios decirme que intervenga yo usando los dones que Él me ha dado.

Lo más delicado aquí es que, como líderes, no podemos tomar el papel que a Dios le corresponde tomar.  Debemos aprender a ceder que Dios obre a través de nosotros y no ser un tropiezo para la obra que el Espíritu Santo quiere y puede hacer sobre la persona que necesita escuchar la voz de Dios.  Somos “instrumentos suyos”.  Y para ser instrumentos, debemos reconocer que no funcionamos por nosotros mismos.  ¿Has visto una trompeta sonar por sí misma?  Claro que no.  Así también, no podemos valernos de nosotros mismos anticipándonos a responder antes que Dios lo haga por medio de nosotros. Ser un instrumento significa reconocer que, para funcionar adecuadamente, necesitamos que alguien más nos use (“nos toque”).

Muchas veces, puedo ver a quien está necesitado de Palabra, atravesando “un proceso de formación en el Espíritu”. Cuando lo detecto, suelo retroceder y permitir que Dios termine lo que ya inició.  “Dios está tratando contigo algo, y yo no puedo intervenir en algo que mi Padre ya empezó…” es a menudo mi respuesta más común.  Sin embargo, exhorto a la persona a buscar a Dios en lo secreto… en la intimidad.  Dios tiene un especial método de comunicación en lo secreto, porque es allí donde forma nuestro carácter y revela la salida de las pruebas, así como otros misterios.  “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Salmos 51:6)

Para que Dios hable a través de nosotros es muy importante conocer su Palabra.  Desconocerla nos convierte en ciegos espirituales. Y, ¿cómo puede un ciego guiar a otro ciego? (Mt. 15:14) Ninguno es facultado para hablar por alguien si antes no conoce a aquél por quien está hablando. Salmos 119:105 dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” A la luz de la Palabra de Dios, puedes guiar los pasos de quienes necesitan luz en el camino. 

“Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca.” (Jeremías 1:9)  Aprende a ser usado por Dios para hablar por Él. Te quiere usar otorgándote un papel de representante de Él acá en la Tierra. Sin embargo, Dios también quiere escuchar el clamor de sus hijos para que sea cumplido lo que Él mismo dijo en 2 Crónicas 7:15: “Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración en este lugar…” 

Líder: aprende no sólo a escuchar la voz de quien te necesita, sino aprende también a escuchar la voz de quien te quiere usar para bendecir al necesitado de Palabra.  Tómate siempre un “paréntesis espiritual” y deja que Dios obre a través tuyo para guiar a quien necesita luz en su camino.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
29
Jul

Autobiografía

Fernando Arias

Soy Fundador y Director General del Ministerio Ondas.  Desde hace 17 años, me he dedicado a la música, proyectándome como percusionista y baterista.  Mis estudios musicales me llevaron a aprender piano, guitarra y bajo desde pequeño. Y de joven, inicié mis estudios de audio y acústica.

Soy Comunicador Social y Publicista, fotógrafo aficionado y Director Ejecutivo de un colegio privado en Guatemala. Imparto clases de psicología, literatura, metodología de la investigación y redacción. Así como Cultura General y Comunicación.

Mi mayor anhelo es servir a Dios, mi Padre.  Predico su palabra desde hace varios años, especialmente con el mensaje de PROPÓSITOS, METAS,  SUEÑOS  y ADORACIÓN.  Disfruto mucho compartir los principios de la Palabra de Dios con muchas personas, y he tenido la oportunidad de hacerlo en distintos medios de comunicación, así como Congresos y Seminarios. p1100695ed1

Llevo 11 años trabajando en el sector educativo.  Me inicié como maestro de sexto primaria, en calidad de catedrático de inglés sustituto, y fui nombrado Director Ejecutivo de la empresa a los 09 años de laborar allí.  Dedico seis horas diarias en formar a jóvenes en mi oficio como maestro.

Mi mayor sueño es poder ver la gloria de Dios manifestada en mi vida por todo lo que Él hace a través mío.  Tengo sueños y planes para el Reino en esta generación.  Y el Señor me ha regalado un equipo precioso de personas para lograrlo.  Gracias Equipo! Recientemente fundé el programa Ondas, S.O.S. que se encarga de llevar Palabra de Dios, víveres y arte a comunidades necesitadas en mi país.

Mi mayor pasión: ADORAR DIOS como un estilo de vida.  Lee mi testimonio completo como adorador aquí en este Blog.  Busca el PAGE en el menú “MI TESTIMONIO COMO ADORADOR”

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
12
Jul

El nacimiento de Fernando

Semanas antes del nacimiento de Fernando, el ginecólogo de Ma. Eugenia nos dio la noticia que ella sufría una preclampsia leve: una condición que afecta a mujeres embarazadas cuando su presión arterial supera los niveles normales. El lunes 23 acudimos al médico para lo que sería el último chequeo previo al parto. Ese día, mi vida cambió radicalmente.
 
Nos presentamos como se había acordado y el doctor insistió que adelantáramos el parto. Nos dio la fecha (25 de mayo) y procedió a explicarnos el procedimiento. Le inducirían el parto por medio de una hormona (oxitocina) que provocaría contracciones en el útero. El bebé nacería entre cuatro y ocho horas después.
 
Llegamos junto con mi suegra a las siete de la mañana al hospital. El médico dio inicio a la inducción del parto y luego nos trasladaron a la habitación para esperar a que las contracciones dieran inicio, y así fue. A pocas horas, las contracciones sucedían cada treinta minutos y duraban aproximadamente medio minuto. Cada vez eran más seguidas y más frecuentes.  El médico llego a chequear a Ma. Eugenia y se sorprendió de lo bien que iba todo. Asimismo, revisó el ritmo cardíaco del bebé y todo marchaba bien. Dijo que volvería dos horas después.
 
En su segundo chequeo, el doctor tomó el “doppler” para medir el ritmo cardíaco del bebé y algo en sus gestos nos indicaba que algo andaba mal. El bebé tenía arritmia. Escuchábamos cómo el pulso iba notablemente disminuyéndose y volvía a acelerarse repentinamente. Entonces fue cuando nos comentó que algo seguramente no estaba bien. Sin poder dar certeza de lo que sucedía se atrevió –especulando- a decir que el bebé probablemente traía el cordón umbilical enrollado al cuello o una extremidad. No quiso arriesgarse y procedió a cesárea. En menos de tres minutos, una camilla llevaba a mi esposa al quirófano para proceder según lo indicado por el médico. Una enfermera me pidió que los siguiera y así lo hice.
 
Mientras descendíamos la rampa del hospital mi corazón palpitaba fuertemente. Sostenía la mano de mi esposa asegurándole que todo saldría bien. Cualquiera que ha experimentado esto por primera vez sabe lo que se siente dejar en manos de médicos las vidas de las personas que uno más ama. En mi caso, mi compañera de vida y nuestro primer hijo.
 
Ingresaron a Ma. Eugenia casi inmediatamente y me pidieron que esperara afuera. Una enfermera me pidió que me mudara de ropa y señaló unas repisas donde había vestuario médico. Vi tres medidas y tomé la más grande. Los nervios y la ansiedad cada vez aumentaban más. Otra enfermera pasó por ese pasillo y me dijo: “Cámbiese allí”, a lo cual respondí: “pero allí dice “Vestidos de Médicos”, me da pena entrar”. Insistió que lo hiciera y que no me preocupara en hacerlo. Al entrar, el equipo médico estaba ya listo y no pude pasar inadvertido. Con muchísima pena comencé a desvestirme cuando el ginecólogo me dijo: “No, aquí no, ¡en el baño!”… ¡me dio una pena / vergüenza horrible! Pero es que estaba muy nervioso. Entré en el baño y me mudé de ropa lo más rápido que pude porque pensaba que iban a olvidarse de mí.
 
Abrí la bolsa plástica que envolvía el vestuario médico y me lo puse muy deprisa. Tomé una especie de gorra la cual con mucha dificultad me coloqué en la cabeza. Al salir, pude ver que el médico me observaba con cara de “algo anda mal con usted” y con cierta pena, me dijo: “No eso no es para la cabeza, ¡es para los pies…!” Uff… ¡qué vergüenza! Por si fuera poco el bochorno, tuvo que enseñarme a colocarme y amarrarme bien el gorrito y al finalizar me preguntó si me quedaba allí con ellos esperando, o bien prefería esperar fuera: elegí la segunda opción.
 
Mientras esperaba observé que dentro de la bolsita plástica aún estaba la mascarilla. No sabía bien si iba al derecho o al revés y ya no quería hacer más el ridículo así que me dispuse a observar al próximo enfermero que pasara por allí para copiarle el modo. A todas estas, aún no me permitían entrar (o pensaba que se habían olvidado de mí) y de pronto, sale una incubadora. Pensé: ¡ya no me avisaron y me lo perdí todo! Corrí tras la incubadora y vi que era rosada. Entonces me tranquilicé, el mío era varón. Volví a sentarme y puse atención a la forma en que un médico que pasaba frente a mí tenía colocada su mascarilla. Entonces estaba por imitarlo cuando escuché: “pst…pst”. Otra vez “¡pst, pst!”. Al volver a mi derecha, mi suegrita y mi madre asomándose por la puerta principal (área restringida para ellas por cierto). Me preguntaron: “¿Ya?”. “¿Ya qué?”, respondí. –“¿Ya nació?”, preguntaron las dos. – ¡No sé!”. “¿Y qué estás haciendo allí?”, preguntó mi suegra. “Es que no me dejaron entrar”. De pronto vi que mi suegrita tenía en su mano la cámara de fotos y le  pedí que rápidamente me tomara una foto con mi vestuario médico. Mi mamá se tardó un poco más porque quiso aprovechar la ocasión para sacar su celular y fotografiarme. Después de un concierto de “flashes”,  se escuchó desde dentro a alguien que gritaba: “¡¿Quién está tomando fotografías aquí?!”, cuando de repente sale una enfermera, pero de esas “ponchonas” que intimidan. No sé cómo “mágicamente” las dos abuelitas desaparecieron del mapa y me dejaron con la enojada enfermera. “Jovencito, ¿ no sabía usted que es prohibido entrar cámaras en este espacio? Son normas del hospital” Me sentí puro Charlie Brown siendo regañado por su maestra, porque sólo escuchaba bla, bla, bla y mi cabeza automáticamente accedía a todo lo que decía pidiendo mil disculpas. Yo estaba siendo regañado sentado en un sofá y ella de pie frente a mí recitándome las normas de ese lugar. “Quédese acá, ya lo van a llamar”, fue lo último que me dijo y luego se retiró.
 
Los minutos empezaron a pasar (aquellos que por la ansiedad parecen horas). Nadie salía, ninguno se asomaba. Estuve sentado allí mientras me sudaban las manos. Inquieto, nervioso, emocionado, etc. Empecé a encomendarme a Dios porque muchos pensamientos invadieron mi cabeza: “¿Y si algo salió mal; será que no quieren decirme que hubo algún problema; se habrán olvidado de mí o quizás asumían que yo debía entrar por mi propia cuenta?”. Cuando uno está en situación de aprieto, las oraciones o rezos no salen tan bonitos como cuando uno está tranquilo y en paz. Nada mejor salía de mi boca, más que “Señor, encomiendo la vida de mi esposa y mi hijo en tus manos. Toma tú el control. Ayúdanos. Es tu hijo antes que mío”.
 
Hubo un profundo silencio cuando de pronto, “¡PUM!” Escuché con cierta violencia que las puertas dobles se abrían y una enfermera algo “viejita” salía de allí y me preguntó “¿Usted es el papá?” Accedí con la cabeza. “¡Sígame!” Me dio cierta paz que iba medio sonriendo. Pero entró en un laberinto de pasillos y mientras corría me preguntaba “¿Me está siguiendo, apúrese?” –“Sí, sí, sí… voy detrás suyo”. Me mostró una puerta y me pidió que entrara.
 
Al asomarme (no sé por qué se me ocurrió la loa idea de tocar la puerta), entré y me quedé asombrado de lo que encontré. Son esas imágenes que se quedan impregnadas en la mente de cualquiera. Un grupo de médicos y enfermeras sobre el cuerpo de mi esposa (que ya estaba abierto),  todos con sus gafas, luces y demás herramientas… y de fondo, música como de los setenta. ¡Ellos como que moviéndose al compás de la música! “Púchica”, pensé. “Ahora sí que lo he visto todo.” =-S
 
Luego, un médico me dijo: “Pase, pase. Podrá ver a su esposa de este lado de la cortina.”. Al rodear aquella rara escena, encuentro a mi esposa tendida boca arriba (sin poder hablar). ¡Cómo me tranquilizó verla! Sin embargo, admito que en ese momento creo que ella se miraba más tranquila que yo. Me dio tanta ternura verla allí. La acariciaba como podía y le decía constantemente que la amaba y que todo estaba bien. Al poco tiempo me preguntaron que si yo quería ver cómo nacía el bebé a lo cual dije: “sí”. 
 
Pasaron si mucho unos cinco minutos y luego el ginecólogo de asomó por encima de la cortina y me dijo que el bebé estaba por nacer. Me puse de pie y pude ver cómo con mucha fuerza estiraba los ligamentos y tejidos de Ma. Eugenia para llegar hasta donde estaba el bebé.  Mi esposa parecía ser “sacudida o zangoloteada” por los médicos y me miraba con cierta cara de asombro como preguntándome “¿Qué me están haciendo? “. Le pregunté si le dolía y me respondió con la cabeza que no. “Ok, listos”, dijo que el médico. En ese momento tomó su brazo derecho y como haciendo un gancho con él sacó con cierto esfuerzo al bebé. Inmediatamente me dijo: “¡Mire!”, el cordón umbilical estaba enrollado en su cuello y pude ver el esfuerzo que el bebé hacía para quitárselo. Estaba ya moradito, cubierto de una capa blanca. Maravillosamente y con mucha elegancia, el doctor removió el cordón del bebé y lo cortó rápidamente. Lo sacaron y lo pudieron sobre Ma. Eugenia mientras el pediatra con mucha técnica y con una asombrosa rapidez procedía a quitarle todo el líquido al bebé que tenía acumulado en su nariz y boca porque se miraba que estaba urgido de llorar. “Waaaahhhh, wahhhhhh, wahhhhh”, escuché a Fernandito por primera vez.  Mis ojos se llenaron de lágrimas y le dije a Ma. Eugenia que el bebé estaba precioso. Me acerqué a darle un beso a mi esposita ya que ella no podía ver nada de lo que sucedía.
 
Creo haber visto demasiadas películas en las que, en el hospital, confunden a los bebés y terminan llevándose el ajeno a casa. Fueron suficientes para que me entrara cierto temor que algún día me sucediera lo mismo. Ma. Eugenia me había comisionado algo importante: “Mi responsabilidad es dar a luz, la tuya, seguir al bebé y tomarle fotos cuando lo pesen y midan en Sala Cuna”.
 
Terminando de darle un beso a mi esposa volví a pararme para ver de nuevo, pero… ¿el bebé? –“Siga al pediatra, Fernando”, me dijo alguien. Y entonces se me puse nervioso porque pensé que mi pesadilla se hacía realidad. Salí rápidamente y encontré al pediatra quien llevaba a Fernandito en sus brazos, y sólo para asegurarme de no estar siguiendo al bebé incorrecto, corroboré si había salido de “aquella” puerta. (Ridiculez…)
 
Insistí en preguntar si el bebé estaba sano pero no se precipitó en responderme porque aùn no terminaba de examinarlo. Después de limpiarlo, lo llevaron con María Eugenia para que lo viera y pudiera darle su primer beso. Me dijo, “Acompáñeme a Sala Cuna. Allí puede tomarle fotos y lo vamos a medir y pesar.” Lo introdujeron en una incubadora y me pidió que lo siguiera. Al salir de la Sala de Operaciones, algunos familiares y amigos cercanos esperaban la noticia. Al verme, se emocionaron y comenzaron a felicitarme y abrazarme, mientras yo veía a la incubadora alejándose cada vez más. Les decía, “¡Muchá: tengo que seguir la incubadora! Síganme.” Y todos atrás mío corriendo las rampas del hospital, a la vez que mi mamá gritaba “¡Está lindo, el bebé está lindo!” atrás mío.
 
Llegamos a Sala Cuna (y yo algo atrasado con la pena de que lo hubieran pesado y medido sin mí). Entro y una enfermera me dice: “¡Espere, no puede entrar!” –“¿Por qué?”, pregunté. –“Tiene que lavarse sus manos.” Entonces me las lavé lo más rápido que pude. “No, aún no… tiene que ponerse la bata.” Entonces corrí a ponérmela. –“No, no, no… así no es… es al revés”. Entonces, ya listo llegué justo a tiempo mientras lo pesaban (siete libras, diez ondas), y medían (52cms.). El pediatra me dijo que le inyectarían vitamina “k”. Al hacerlo, Fernandito lloró aún más, entonces me le acerqué y comencé a hablarle y cantarle al oído, y de pronto, alzó su manita y me tomó el dedo índice y se calmó. Al pediatra le sorprendió eso y me dijo que continuara hablándole.
 
Este precioso momento fue interrumpido por una enfermera que indicó que era tiempo de bañarlo. Con Ma. Eugenia habíamos visto videos sobre cómo se debía bañar a un recién nacido. Esponjita, con mucho cuidado, etc. Pero esta mujer tomó a Fernandito con toda seguridad y lo zambulló en agua caliente como si fuera trapo. Con una mano lo enjabonaba y con la otra lo sostenía y daba vueltas. Era sorprendente ver con qué facilidad lo hacía. Dije sonriendo de felicidad y asombro, “Ud. está violando todas las normas que aprendí sobre cómo bañar a un bebé”.
 
Al terminar, le puso su ropita de dormir y lo envolvió en varias colchas, ¡y entonces lo cargué por primera vez! Qué precioso ese momento. Indescriptible. Me asomé a la vitrina de la Sala Cuna donde ansiosamente la familia esperaba para poder verlo y tomarle algunas fotos. Me pareció simpático ver que hasta personas que no tengo idea de quiénes eran se acercaran y le tomaran fotografías. (¿Habrán pensado que era otro bebé?) Lo colocamos en su cuna y entonces salí con un nudo en la garganta. Sólo se necesitó que mi suegrita pronunciara estas palabras para que me quebrantara por completo: “Gracias por hacerme abuela”. Luego, vino Bryant, mi hermano menor, que siempre está cercano a mí en momentos especiales de mi vida como cuando me enteré que sería papá. Después el abrazo del abuelo materno, mi mamá y Obed y Sarita (miembros de mi Equipo de Líderes).
 
Todos parecían estar muy felices en la habitación después. Mi mamá hasta se había preparado llevando emparedados, fruta refresco para todos. Pero la emoción fue interrumpida cuando alguien me preguntó por qué estaba yo tan serio. “Es que me falta Eu…” La tenían en recuperación y debía esperar, pero cualquiera que me conoce sabe que yo no estoy completo sin ella. Una enfermera se asomó y le dije “Pst… tráigame a mi esposita” A lo cual me dijo que no podía aún porque estaba en recuperación. Dos enfermeras más entraron al cuarto y a ellas también repetí la misma petición. Al cabo de las casi tres horas transcurridas, entré con toda soltura a la estación de enfermería y les supliqué: “Soy el esposo de la paciente del #307… tráiganme a mi esposita…” Accedieron. A los 20 minutos, mientras impacientemente esperaba hasta arriba de la rampa para camillas, apareció mi esposita y comencé a lanzarle besos mientras ellas subía sus manos en señal de aquí vengo… entonces ya me sentí completo.
 
Veinticinco días han pasado desde entonces y nuestras vidas con María Eugenia han cambiado radicalmente para bien desde que nació Fernando. Ahora, todo es distinto… YA NO SOMOS DOS. SOMOS UNA FAMILIA.  Bendiciones a todos y gracias por estar allí pendientes de la FAMILIA ARIAS AVENDAÑO.
 

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
11
Jun

FLYWHEEL

flywheel

En Ministerio Ondas, recientemente tuvimos la oportunidad de ver FLYWHEEL. Para darle continuidad a la serie LIBRES PARA CONFIAR, tuve a bien compartir el mensaje de esta película a todos los Onderos. Realizamos una noche de cine donde el equipo de líderes vestidos con viceras de cine, repartieron poporopos, nachos y gaseosas a los asistentes. Fue una noche increíble.

Flywheel es el primer largometraje elaborado por la Iglesia Bautista de Sherwood en Albany, Georgia

Ahora, un año despues del lanzamiento de su segunda pelicula, “Enfrentando a los Gigantes”, la iglesia da a conocer una version remasterizada de su primera película.

El filme fue escrito por los hermanos Alex y Stephen Kendrick, que sirven como pastores y asociados a la iglesia. De ellos nació la idea de hacer una película después de leer una encuesta que las películas y la televisión son lo más influyente en la cultura de la iglesia americana.

Austin, vendedor de autos usados, con su trato deshonesto se ha ganado el respeto de sus empleados que esperan seguir sus pasos. Es muy gracioso como el vendedor de autos estafa a un pastor, y el pastor agradecido, Ora delante del el tomandolo del hombro “Señor trata a este hombre como el me trato a mi”, el pastor no sabía que estaba siendo estafado, pero ver la cara del vendedor es algo muy gracioso.

Sus practicas comerciales han tenido un cuota “su familia”. Austin rara vez pasa tiempo con su hijo a causa de sus largas horas en la oficina, y su esposa esta cada vez mas frustrada por la situación.

Con la caída de su matrimonio por una parte, un hijo que proclama que no quiere ser como su papa, y una enorme deuda que la empresa no puede pagar Austin comienza a preguntarse en qué momento, su vida tomoó un curso tan distinto al que el quería.

La película retrata vividamente el arrepentimiento, alejamiento del pecado, el valor del perdón, y las bendiciones de obedecer a Dios.

Estos principios biblicos vienen envasados en una entretenida historia que ofrece drama, romance, y un poco de humor, por lo que es un gran vehiculo para compartir el evangelio con los no creyentes.
Su mensaje toca el corazon mas que la mayoria de los sermones.

Formato: Ratdvd Multiregion ( Calidad Alta Bitrate-1200 )
Idioma: Ingles
Subtitulos: Español
Lanzada :2003, remasterizada en Nov 2007
Duracion: 114 minutos
Producida y dirigida por : Alex Kendrick

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
17
May

A pocos DÍAS de conocer a Fernandito

No cabe duda que una noticia de esta naturaleza le cambia la vida a cualquiera. Todo empezó un día en que me preparaba para salir del trabajo.

Había acordado ir a almorzar con mi hermano, Bryant, al salir de la oficina. Sin embargo, como de costumbre, llamé a María Eugenia al mediodía para saber cómo estaba. Luego de recordarle que saldría con Bryant a comer, insistió que quería acompañarnos y que llegara lo más pronto a casa.

Llegué con Bryant a primeras horas de la tarde y nos recibió Eu tranquilamente. Sin embargo, al entrar en la casa, puso en mis manos un poema. Era un poema escrito en prosa que había escrito hacía 12 años a quien algún día llegaría a ser mi esposa. Mientras me mudaba de casa hace varios años, siendo novios, Eu me ayudó a empacar cosas. Mientras lo hacía, se topó con ese viejo poema. Lo leyó y luego lo guardó.

De manera que comenzó a pedir que se lo leyera en vos alta a Bryant… a lo cual me opuse varias veces porque pensaba que a Bryant no le interesaría escucharlo. Pero fue tanta su insistencia que accedí. El poema termina con estas palabras: “…y mi corazón hoy se parte en dos… uno lleva tu nombre y el otro de quien ahora llevas en tu vientre.” Al terminar de leerlo –como era hora de almorzar- ¡mi esposita me sirve un plato con una compota de manzana, dos calcetines de bebé y la prueba positiva de embarazo encima! Al subir mi mirada, la vi llorando y brincando de la felicidad y allí en la sala, hicimos nuestra primera celebración. A Bryant le brillaban los ojos de la felicidad. Inmediatamente, sin contarle a nadie más, salimos en busca de un laboratorio para realizar una prueba de sangre que confirmara la noticia.

A las dos horas, los resultados estaban listos. María Eugenia estaba tan nerviosa que pidió que yo entrara por ellos. Al salir, la encontré sentada en unas gradas mordiéndose la manga de su blusa. Me le acerqué y sólo le dije: “Hola, mami…” (Lágrimas y risas…)

Más de ocho meses han transcurrido desde entonces. El vientre de mi esposa crece y crece sin dejar de asombrarme cuánto el vientre de una mujer puede “estirase” para que el bebé crezca. Los primeros meses fueron toda una aventura. Todo empezó cuando compartimos la noticia a los abuelos. La reacción de mi madre fue asombrosa. Sentimos que iba a desmallarse (de la felicidad). Solo entramos a su casa y al saludarla le dije: “sólo queríamos pasar saludando rapidito a la futura abuela” (lo demás ya se lo imaginarán). Con mis suegros fui un poco más creativo.

Nos juntamos a cenar con ellos en su casa y pedí bendecir los alimentos antes de comer. Mi suegro accedió. A la mesa estaban ellos y mi cuñado, Álvaro y su novia, Crista. Oré y mientras sostenía la mano de María Eugenia terminé la oración diciendo: “…y Señor bendice a también a quienes están sentados a la mesa, ¡ya que a partir de ahora serán abuelos y tíos!” (Las reacciones se las dejo a su imaginación).

Las nauseas no tardaron en llegar. Y sí, aunque sé que es difícil de creerlo, a mí también me afectaron. Fui algo escéptico al inicio pero no tardé en comprobar que sí pasa. Los antojos, también. A mi esposa, le aparecieron los antojos a cítricos como nunca antes (y eso que ya le gustaba mucho el limón). Comenzó a comer hamburguesas (no las comía antes). En una ocasión, mejor fui al mercado a comprarle una enorme red de mango verde y pepita al por mayor. Los helados de fruta (sobre todo los de mago y frutas del bosque) han sido sus favoritos.

No tardaron en aparecer los múltiples consejos, unos muy buenos, otros no tanto. Muchas personas solían advertirnos cosas adversas que iba a ocurrir pero decidimos mejor vivir cada día con la mejor actitud posible y que cada uno cumpliera la voluntad de Dios. Este bebé está “muy orado”. No pasan las noches sin que impongamos manos sobre el vientre de María Eugenia y bendigamos el bebé. He leído y visto cuantos artículos y videos he podido para aprender todo lo que sucede semana a semana dentro de su vientre y aprovecho para declarar bendición en cada etapa de su desarrollo, así como la preciosa habitación que ahorita ocupa Fernandito… mi esposa.

Estoy a días de convertirme en padre de lo que será un hermoso niño. Cada vez que realizamos un ultrasonido, la fecha del parto de adelanta más. Cuando fuimos por vez primera al médico y le hizo varias preguntas a María Eugenia, sacó un calendario y luego de una pausa dio la fecha del parto: 11 de junio (¡mi cumpleaños!) Ahora, estamos para cuando Dios quiera.

La paternidad me ha cambiado por completo para bien. Mi oración a Dios ha sido que me dé ese favor y esa gracia que debió haber encontrado en José y María para confiarles a ellos a su único Hijo. Jesús no fue dado en posesión a ellos, sino fue confiado para su cuidado. ¡Qué enorme responsabilidad, pero qué enorme privilegio también!

Muchas historias en la Biblia nos enseñan de la confianza que Dios depositó en varios de sus hijos: en Adán al confiarle el cuidado de Eva, en Abraham al confiarle el inicio de un legado del cual surge una generación que hasta hoy en día existe, en Noé al confiarle la responsabilidad de construir un arca, en Moisés al confiarle a Su pueblo sacándolo de un lugar y llevándolo a otro mejor; Elí al confiarle la crianza del profeta Samuel en el Templo, en David al confiarle el reinado de Israel; a José y María confiándole al unigénito de Dios; a Pablo, todos sus discípulos; a ti, confiándote a tu cónyuge, hijos, discípulos, amigos, colaboradores en el trabajo para que seas de bendición para ellos entregando lo mejor de ti según el papel que debes desempeñar responsablemente con cada uno.

Mientras escribía este artículo coloqué nuestra canción “The Way You Look Tonight” e interrumpí por un momento la redacción para dedicarle a mi esposa unos minutos y decirle cuánto la amaba y cuánto amaba todo lo que ocurre ahora en nuestras vidas. Qué hermoso fue bailar la misma canción que hace un año bailamos en nuestra boda, pero ahora con Fernandito en medio nuestro. Momentos como estos valen oro y nos hemos propuesto seguir teniéndolos para toda la vida no importando lo que esté ocurriendo alrededor nuestro. Este bebé, lejos de separarnos, nos ha unido cada día más.

Como lo dije al principio: ha sido una aventura. Estamos en la etapa en la que ya tengo que ponerle sus calcetas y zapatos.   Bajo las gradas de la casa infinidad de veces por agua, mangos, refresco, refacciones, su bolso, celular… ¿mencioné agua pura? (¡es que la bebe como nunca!) Debo pasar con cuidado los túmulos y desacelerar en las curvas porque lo resiente su vientre. Amo cada uno de estos detalles.

Dios ha sido bueno. No ha dejado de sorprendernos cuidando de nosotros y de Fernandito (Su hijo).  Siento como si estuviera enviando a reyes con oro, incienso y mirra… de seguro mi esposa tiene un gran propósito de Dios naciendo en su vientre…

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
6
May

Cuando me enteré que iba a ser papá…

Así me enteré de que sería papá

 

Había acordado ir a almorzar con mi hermano, Bryant, al salir de la oficina. Sin embargo, como de costumbre, llamé a María Eugenia al mediodía para saber cómo estaba. Luego de recordarle que saldría con Bryant a comer, insistió que quería acompañarnos y que llegara lo más pronto a casa. Lo que me esperaba, cambió mi vida…

Llegué con Bryant a primeras horas de la tarde y nos recibió Eu muy tranquilamente. Sin embargo, al entrar en la casa, puso en mis manos un poema. Era un poema escrito en prosa que yo escribí hace como 12 años a quien algún día llegaría a ser mi esposa. Mientras me mudaba de casa hace varios años, siendo novios, Eu me ayudó a empacar cosas. Mientras lo hacía, se topó con ese viejo poema. Lo leyó y luego lo guardó.

De manera que comenzó a pedir que se lo leyera en vos alta a Bryant… a lo cual me opuse varias veces porque pensaba que a Bryant le interesaría poco escucharlo. Pero fue tanta su insistencia que accedí. El poema termina con estas palabras: “…y mi corazón hoy se parte en dos… uno lleva tu nombre y el otro de quien ahora llevas en tu vientre.” Al terminar de leerlo –como era hora de almorzar- ¡mi esposita me sirve un plato con una compota de manzana, dos calcetines de bebé y la prueba positiva de embarazo encima!  

Al subir mi mirada, la vi llorando y brincando de la felicidad y allí en la sala, hicimos nuestra primera celebración. A Bryant le brillaban los ojos de la felicidad. Inmediatamente, salimos en busca de un laboratorio para realizar una prueba de sangre que confirmara la noticia.

A las dos horas, los resultados estaban listos. María Eugenia estaba tan nerviosa que pidió que yo entrara por ellos. Al salir, la encontré sentada en unas gradas mordiéndose la manga de su blusa. Me le acerqué y sólo le dije: “Hola, mami…” (Lágrimas y risas…)

Dispusimos que mi mamá debía ser en esta ocasión la primera en saberlo. De manera que fuimos a visitarla. Al saludarla sólo la abracé y sin hacer mucho escándalo le dije: “sólo queríamos pasar saludando a la futura abuela…” Reaccionó tan efusivamente que hasta nos preocupamos con Bryany y Eu porque pensamos que iba a colapsar. ¡Estaba FELIZ!

Esa misma noche, teníamos programado visitar a mis suegros y cenar en su casa. Así que tuve una idea y así fue como se los conté. Al sentarnos todos a la mesa, le pedí a mi suegro que me diera el privilegio de orar y bendecir los alimentos. Lo hice, pero al finalizar la oración dije: “y Senor, bendice también a quienes están ahora en esta mesa y que a partir de ahora serán tíos y abuelos, AMÉN.” Mis suegros lloraron de alegría y mis cunados se llenaron de gozo.

Dios ha sido bueno. Ha pasado pocos días desde la noticia y Dios no ha dejado de sorprendernos en cómo cuida de nosotros y de nuestro futuro (a) hijo(a).  Siento como si estuviera enviando a reyes con oro, incienso y mirra… de seguro mi esposa tiene un gran propósito de Dios naciendo en su vientre.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
5
May

El suicidio

Hace un tiempo me puse a meditar sobre lo lamentable que es enterarse que alguien decidió quitarse la vida. El suicidio es la acción de quitarse la vida de forma voluntaria y premeditada. Significa, pues, darse muerte a uno mismo. Diariamente se producen en el mundo de 8.000 a 10.000 intentos de suicidio, de los que 1.000 lo consiguen.

Según la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud (OMS/OPS), el fenómeno del suicidio es responsable de más muertes al año que las producidas anualmente por el conjunto de todos los conflictos bélicos que asolan el planeta constituyéndose en una de las principales causas de muerte en el mundo. Estas organizaciones estimaron que en el año 2000 se produjo una muerte por suicidio cada 40 segundos y un intento de suicidio cada 3.

Investigando un poco sobre el tema, me topé con estos factores que son los más comunes entre casos de suicidio con los siguientes.

  • Estado civil:  solteros, viudos, separados y divorciados
  • Edad: más frecuente entre los 20 y 30 años.
  • Afecta más a las mujeres que a los hombres (el doble de casos en mujeres).
  • Antecedentes familiares: suicidios familiares y actos auto lesivos en la familia, historia de abuso familiar, consumo de alcohol y/o drogas en los padres y muerte temprana de éstos
  • Lugar de residencia: más en el medio urbano
  • Pérdida del rol o status social
  • Desempleo o trabajo no cualificado
  • Problemática social, familiar o laboral grave
  • Ateísmo
  • Desesperanza o desamparo
  • Consumo reiterado de alcohol o droga

Lee la historia de Judas según la Nueva Versión Internacional:

Mateo 26

20Al anochecer, Jesús estaba sentado a la mesa con los doce.  21Mientras comían, les dijo: –Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.  22 Ellos se entristecieron mucho, y uno por uno comenzaron a preguntarle: –¿Acaso seré yo, Señor?  23–El que mete la mano conmigo en el plato es el que me va a traicionar –respondió Jesús–.  24 A la verdad el Hijo del hombre se irá, tal como está escrito de él, pero ¡ay de aquel que lo traiciona!   Más le valdría a ese hombre no haber nacido. 25–¿Acaso seré yo, Rabí? –le dijo Judas, el que lo iba a traicionar. –Tú lo has dicho –le contestó Jesús.

Mateo 26

47Todavía estaba hablando Jesús cuando llegó Judas, uno de los doce. Lo acompañaba una gran turba armada con espadas y palos, enviada por los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo.   48 El traidor les había dado esta contraseña: “Al que le dé un beso, ése es; arréstenlo.” 49En seguida Judas se acercó a Jesús y lo saludó. –¡Rabí! –le dijo, y lo besó.   50–Amigo –le replicó Jesús–, ¿a qué vienes?* Entonces los hombres se acercaron y prendieron a Jesús.

Mateo 27

1Muy de mañana, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo tomaron la decisión de condenar a muerte a Jesús.   2Lo ataron, se lo llevaron y se lo entregaron a Pilato, el gobernador.

3Cuando Judas, el que lo había traicionado, vio que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos.

4–He pecado –les dijo– porque he entregado sangre inocente. –¿Y eso a nosotros qué nos importa? –respondieron–. ¡Allá tú! 5Entonces Judas arrojó el dinero en el santuario y salió de allí. Luego fue y se ahorcó.

Cualquier suicidio, independientemente de cuál sea su causa, interrumpe deliberadamente el propósito de ese ser humano. Es el rechazo a la vida y a la esperanza. Sin duda alguna, Judas, al igual que los otros doce tenía un propósito y una función dada por el mismo Jesús que debía cumplir: Id y hacer discípulos por todo el mundo. Jesús mismo les dijo que pagarían un precio por hacer lo que él les pedía: serían rechazados por el mundo y que tendrían aflicciones (hasta les habló de la posibilidad de morir dignamente haciéndolo). Sin embargo, Judas vendió ese sueño a un precio: 30 monedas de plata.

Qué triste es saber que existen personas que literalmente son capaces de vender los sueños que Dios les ha entregado. En un momento de mi vida, casi llegué a ser un músico se dejaría seducir por el mundo bajándome del lugar en el que Dios me había puesto… todo por mis 30 monedas de plata. Gracias a Dios, mi espíritu recapacitó en una ocasión y –a Dios gracias- sin haber caído drogas y otras tentaciones que me rodeaban, un día finalizando mi participación como músico invitado de un artista secular nacional, tomé la decisión firme de volver de una vez y para siempre a lugar que Dios inicialmente había destinado para mí… su Reino.

Judas interrumpió la historia que Dios estaba escribiendo para él.  Veámoslo en este cuadro:

El propósito de JUDAS: Id y hacer discípulos a todas las naciones

Costo del sueño: Dar la vida por los amigos

Precio de venta: 30 monedas de plata, vendió al Dador de Sueños

Ganancia: 0 (cero), hasta arrojó el dinero (v.4)

Pérdida:  Total: la vida de un discípulo e hijo de Dios

Seguramente Judas no pudo resistir las consecuencias de sus decisiones. Digámoslo como es: hoy somos producto de las decisiones que tomamos ayer… eso significa que mañana seremos producto de las decisiones que tomemos hoy. Todo en esta vida tiene que ver con decisiones. El suicidio es la decisión de interrumpir voluntariamente el curso de la vida.

Si decimos que Dios es el autor de la vida, pero nosotros decidimos terminarla, es lo mismo que decir que alguien está escribiendo un libro, pero que el personaje –y no su autor- decide terminarla él mismo. Así es el suicidio cuando le quitamos el lápiz a nuestro Dios y ponemos el punto y final nosotros mismos.

Entrega todas tus cargas a Dios; Jesús mismo nos invitó a que lo hiciéramos cuando vino a esta Tierra.

1 Corintios 10:13 dice así, “No os ha sobrevenido ninguna prueba que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser probados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la prueba la salida, para que podáis soportarla.”

Dios está dispuesto a mostrarte la salida a tus problemas. Las situaciones más difíciles de la vida se sienten como un callejón sin salida, pero el versículo anterior te da la promesa de que en medio de tus pruebas él puede mostrarte la salida. Imagínate estando en medio de un incendio en una gigantesca bodega. No importando cuánto la recorres, no encuentras ninguna escapatoria. Sin embargo, en un instante, recuerdas quién es tu Dios y te rindes a él y de pronto, como que se disipara el denso humo, una flecha se enciende mostrándote la ruta de evacuación que tanto buscabas. Así es Dios. En experiencia propia podría mencionarte varios casos en los que yo mismo me metí en problemas cuyas soluciones las veía imposibles. Sin embargo, Dios nunca me sacó literalmente de ellas, pero sí me mostró el camino o ruta de escape más cercano.

Santiago 1:12  dice: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.”

Judas renunció a esa corona. Tú aún estás a tiempo de recibirla. Sólo ama a Dios con todas tus fuerzas y él se encargará de todo lo demás. Ora en este momento y entrégale a Dios tus cargas, admítelo… tú sólo ya no puedes cargarlos. Treinta monedas de plata, simbolizando el dinero, nunca resolverán por completo tus problemas. Te comprarán medicamentos, pero no tu sanidad. Una casa pero no un hogar. Sólo compran el licor que algunos beben para olvidar momentáneamente sus penas.

Sin embargo, recuerdo que no importa cuánto lleguemos a sufrir, Jesús sufrió mucho más que nosotros. Por eso echemos nuestras cargas sobre él. Él aguanta lo que tú ya no soportas. No importa el peso de tu cruz, el cargó una que a ti no te tocó cargar. Así que entrégale tus problemas. El sabe qué hacer con ellos cuando tú no.

Muchos habrán esperado encontrar mi opinión respecto del destino de quienes se suicidan el Cielo o el Infierno. Francamente este no fue el motivo de esta plublicación, más bien era dar esperanza a quienes creen haberla perdido ya. Mis oraciones están con ellos y ellas.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
19
Apr

Nuestro Compromiso

img_00471Esta es la historia de cómo nos comprometimos el jueves, 23 de julio, 2009, contada por María Eugenia Avendaño (Eu). Así que dejo que ella cuente su versión:

Fernando (Fer) me había dicho que estaba en una convención educativa y que vendría por mí a las 05:30pm. Sin embargo, a esa hora recibí un mensaje de texto diciéndome que se había atrasado su reunión y que vendría por mí más tarde de lo acordado.

Así que a las 7:30pm me llamó para decirme que saliera porque ya había llegado. ¡Llegué al carro y no lo encontré! Sobre el asiento del copiloto había una rosa roja y una tarjeta que decía: “943: Te toca manejar.”fotocompromiso-082 Confieso, que estuve un poco confundida por un momento. Al subirme en el asiento del piloto, encontré otra tarjeta pegada al volante que decía: “943: Seguí el carro.” Inmediatamente, otro carro se puso frente al mío con el mensaje escrito atrás: “¡Eu: Seguime…!”

Así que me atreví a seguir el carro (que era del mejor amigo de Fer y uno de sus cómplices) por unos 20 minutos. En el trayecto (que se sintió eterno) no podía contenerme y lloraba, lo cual dificultaba la manejada, porque sabía que “el mero día había llegado, je je je”.

img_0020

Llegando al Club

La Casa Club era como esas antiguas mansiones elegantes con redondeles, fuentes en la entrada y gradas que conducían al vestíbulo.240720091332 Llegando a la puerta principal, un mesero bajó las gradas y con mucha elegancia me abrió la puerta y me entregó otra rosa roja y otra tarjeta que decía: “943: Te espero en el jardín”. El mesero (que luego aprendí que se llamaba Mynor) me dijo: “El caballero la espera en el jardín”. Así que entré en la elegante casa.

Empezando el trayecto desde el lobby.

Empezando el trayecto desde el lobby.

Desde la primera grada pude ver un encaminamiento de velas que me invitaba a entrar por el lobby y salir al balcón. Yo pensé que allí no más terminaba el camino, pero me sorprendió que al salir al balcón miré un jardín inmenso y que las velas continuaban hasta llegar a una laguna como a 100 metros en bajada. img_01141Tan pronto empecé a bajar, empezó a sonar en todo el jardín una canción muy especial que decía: “Luz a nuestro andar, gracia al caminar y fe para poder llegar”…

Sendero de luces

Sendero de luces

Aunque sea en pequeñito, pero se pueden dar un idea del sendero de luces hacia abajo.

Aunque sea en pequeñito, pero se pueden dar un idea del sendero de luces hacia abajo.

Un tema muy acorde a lo que yo estaba viendo frente a mí pues me tardé varios minutos en descender, ¡acompaña por luces muy románticas que Fer había colocado en todo el graderío! Cada cierto tiempo, seguí viendo sobre el suelo más tarjetas: “943:  ¡Gracias!”; “943: Sos lo mejor que me ha pasado”…

Llegué entonces a una pérgola elegantemente decorada por Fer y una mesa servida, pero después de la pérgola una última bajada con una larga alfombra blanca con luces y flores, y allí pude ver a Fer esperándome con rosas rojas en su mano.

La mesa servida por Fer.

La mesa servida por Fer.

Sobre la mesa, otra tarjeta que decía: “943: Días”. Cuando vi a Fer ya no pude contenerme más. Llegué empapada en llanto (Él estaba igual de emocionado) y me recibió con rosas rojas y una última tarjeta que decía: “943: Razones para pedírtelo”, y aunque le costó pronunciar palabras por lo tocados que estábamos los dos, se puso de rodillas y me dijo: “Son 943 días que llevamos juntos y cada día una razón más para poder pedirte que te casés conmigo…” Luego me dijo otras palabras muy lindas que no contaré en esta ocasión.

El lugar donde Fer estuvo esperándome y me propuso.

El lugar donde Fer estuvo esperándome y me propuso.

Ah, bueno, como yo estaba muy emocionada por lo que sucedía, después de unos segundos me dijo riéndose y llorando a la vez: “¡Pero no me has dicho que sí!, jajaja”. img_0035Comencé a llorar de la risa también, y pues le dije que definitivamente sí. Era una mezcla de lágrimas y risas de lo agradecidos que estábamos con Dios por habernos permitido llegar hasta ese punto. Me puso el anillo y me dio un beso. Siempre me han gustado los tulipanes, y el anillo estaba diseñado de manera que el brillante fuera sostenido por hojas tipo tulipanes.

img_0043_cAl rato, empezó a iluinarse el cielo con luces de colores que eran reflejados en la laguna. ¡Algo impresionante y un detalle que me recordó el día en que nos hicimos novios!

Luego, salieron nuestros cómplices a abrazarnos y felicitarnos. Cómo los amo y agradezco a Dios por lo que hicieron: Andrés (varón), Nancy, Pao y Bryant (hermano de Fer). Caminamos de nuevo hasta la mesa servida donde nos tomamos fotos, brindamos y vi otros detalles que Fer había preparado. El centro de mesa (una esfera de vidrio con una vela grande y dos pequeñas) la grande siendo Jesús y las dos pequeñas nosotros dos, brillantes plateados regados por la mesa y el piso, unos vasos especiales que Fer compró para la ocasión, en fin un sinnúmero de detalles preciosos.

img_0134ed3

img_0069ed2Contrató un servicio de un chef exclusivo y un mesero privado quienes nos atendieron de maravilla con una comida exquisita y elegante.

Al terminar el último plato, me dijo: “Falta una sorpresita… ¿la querés ahora?” No pude resistirme. Me dijo: “Siempre dijiste que querías oler con una fragancia especial para nuestra boda, pero me encantaría poder regalarte ese deseo desde hoy”, y me dio uno de mis perfumes favoritos. Mientras terminábamos de comer llamé a mis papás, y toda la familia se encargó de contarles a todos los demás lo que había pasado. img_0085ed3

Debo confesar que estuve engañada por varias semanas.  Siempre pensé que iba a notar cuando Fer estuviera planificando todo esto, pero la verdad, no sospeché ni un solo segundo.  Sólo puedo decirles que, escribirlo y contarlo no es lo mismo que vivirlo.  Como le digo a quienes se los cuento: “¡Fer se peló…!” ¡Amo a mi futuro esposo como no tienen idea! Dios ha cumplido todos los anhelos de mi corazón y la lista que yo le hice cuando tuve 15 años de cómo quería a mi futuro esposo, puedo decirles que de verdad lo cumplió.  ¡Dios es fiel! Confíen y créanle a Él.

img_01224

Gracias a todas las personas que nos bendijeron con llamadas, mensajes de texto, Facebook, etc. ¡Quedamos impresionados de cuántas personas se enteraron… y tan rápido!¡Salud!

img_01271

Y esta es mi (Fer) versión para quienes quieran conocer el tras bambalinas…

img_00081Pasé casi un mes preparándome y planificando cada detalle. No fue fácil. Confieso que hasta en Internet buscaba ideas, y aunque encontraba muy buenas, ninguna decía: Esa se la merece Eu. Así que mejor empecé el diseño de la mía desde cero. 

Necesitaba ayuda, así que con anticipación le pedí a mi amigo, Andrés García y su novia Nancy que me ayudaran. También participaron Bryant, mi hermanito menor y Pao Acevedo, quien desde inicios de nuestro noviazgo nos ha bendecido con mucha oración. Mi papá fue otra persona que colaboró en este proceso. Gracias de antemano a todos ellos.

img_0014ed

Colocando la alfombra para que caminara mi Princesa.

Durante la tarde, mientras preparaba todo para la noche, llovió dos veces, pero confié en Dios. Oré fuertemente y le pedí a Dios que secara los cielos. Es difícil de creer pero Dios concedió mi petición. En pocos minutos, se secaron lo cielos. Fue muy inmediato. Ya ni siquiera cayeron gotas ni llovizna al final. Es más, el calor que hubo después secó todo lo que se había mojado. Dios fue bueno, y siempre lo será. Sólo puedo decir a quien lea este Blog, que Dios es un Padre Excelente. Concede las peticiones de nuestro corazón cuando aprendemos a hacer las cosas conforme a Su Voluntad.  img_00051

Este jueves 23, Dios unió dos sueños para empezar a formarlos hasta hacerlos uno sólo. Pero esa historia será contada cuando nos casemos y prometamos amarnos por el resto de nuestros días delante de Dios. 

El sendero que iluminamos.

El sendero que iluminamos.

A decir verdad, estamos pensando más en matrimonio que en una boda. Es importante que nuestra visión como pareja no se limite a pensar en un evento temporal, sino en propósitos eternos cumplidos por Dios a través de nosotros dos. Te amo princesa linda… y Gracias Señor por conceder mi deseo de conocer a una mujer que ha hallado tanta gracia delante de ti. 

Quisiera contar con palabras todo lo que se vivió antes de que ella llegara, pero llenaría el espacio de este Blog contando cada anécdota. 

img_00581Como las travesuras que atravesaron Andrés y Bryant, el estrés que le contagié a la Pao, entre otras curiosidades. Pero todo salió de película. La sincronización de cada detalle funcionó a la perfección.

copia-de-img_0077ed2
Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
7
Apr

El precio a pagar por subir al “próximo nivel”

¡Qué dificil reconocer que hay personas que una vez estuvieron cercanas a nosotros deséandonos el éxito, y sin embargo, cuando este llegó, por arte de magia desaparecen de nuestras vidas!

Seguro has encontrado en tu vida a muchas personas que te desean el éxito cuando estás al mismo nivel que ellos. Sin embargo, al verte escalar solo algunos de ellos serán los que se acercarán a ti para empujarte desde abajo ayudándote a subir. Al estar arriba y vuelvas hacia atrás, te sorprenderás de los pocos que quedaron abajo viéndote resplandecer desde lo alto.

Envidiar es desear que el otro pierda lo que tiene, aunque a veces uno nunca llegue a conseguirlo.  La envidia es un sentimiento contrario al corazón de Dios porque implica alegrarnos por los fracasos del prójimo y entristecernos por sus logros. También significa la incapacidad de reconocer los éxitos ajenos.

Proverbios (Biblia) compara la envidia a una enfermedad que carcome los huesos (Proverbios 14:30). Esto es semejante al cáncer que contamina una parte del cuerpo pero lentamente, y a paso seguro, se expande por todo el cuerpo hasta matarlo.  El peligro de envidiar es que sólo se requiere empezar envidiando algo insignificante para que luego nos demos cuenta que nuestra vida entera es una pérdida total porque pasamos más tiempo estudiando lo que otros tienen y que a nosotros nos falta.

Deseos como estos motivan a muchas personas a querer tomar lo que no les pertenece ni corresponde tener. Esto es igual al robo o hurto.  La tarea de un ladrón es quitarle las pertenencias que le faltan a quienes las tienen. Lo mismo hacen los envidiosos de espíritu, pretenden que Dios haga con ellos cumplir Su propósito igual como lo hace contigo –quieren la misma unción, el llamado, los dones y talentos, que tu tienes, o bien sólo buscan que los pierdas. Se alegran de tus fracasos o simplemente son incapaces de reconocer la gracia y favor que el Padre tiene para contigo.

Jesús mismo no pudo quedar bien con todos, así que con toda certeza puedo afirmarte que tú tampoco podrás. Sé que el precio es alto, pero recuerda que quien te subió de nivel no fueron ellos sino Dios. La Biblia enseña que es necesario que nosotros  mengüemos para que él crezca. De manera que debes comprender que si has “subido” es porque tú bajaste y Cristo en ti ha subido y eso irritará a muchas personas. En realidad no pueden reconocer (porque no lo ven) a Cristo resplandeciendo a través tuyo, pero tú mantente firme no agradando el ojo del hombre sino a Dios.

Muchas veces no envidiamos, pero sin saberlo ya hemos sido envidiados por otros. Sin saberlo, te rodearán personas que sonríen a tu cara, pero te señalan a tus espaldas. Su pasatiempo favorito será el verte caer o tropezar. Todo nuevo nivel que alcances en la vida tendrá un precio: lidiar con la envidia de quienes están a tu alrededor. Será en ese momento en el que tu corazón será probado por Dios pues sólo los humildes y mansos de corazón permanecen rectos e íntegros, con la mirada al cielo y no prestando atención a lo que se dice de ti en la Tierra. Sube de nivel que la gracia y misericordia de Dios te sostendrán y si Él contigo, quién contra ti.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
25
Feb

Padre: ¡Confía en mí!

Todos anhelamos agradar a Dios haciendo cumplir su voluntad en nuestras vidas. Deseamos que su propósito para nosotros también sea cumplido. Y más aún, en varias ocasiones he recalcado la importancia de no sólo perseguir nuestros sueños personales, sino más bien conocer los sueños de Dios para nosotros.

Lucas 12:47: “El siervo que conoce la voluntad de su señor, y no se prepara para cumplirla, recibirá muchos golpes.” (NVI) A través de mis años de ministerio me he esforzado por enseñarles a las personas la importancia de conocer y cumplir la voluntad de Dios para sus vidas. No obstante, un día en que mis ojos cayeron sobre este versículo, sentí en mi corazón la voz de Dios que me decía: “conocer mi voluntad no es suficiente… debes prepararte para cumplirla, también.” Qué grandioso lo que Dios estaba diciéndome aquella noche. Inmediatamente subrayé el versículo y pasé varios días meditando en él.

Sin duda alguna, la voluntad de Dios –que es buena, agradable y perfecta- está allí para nosotros. Y conocerla muchas veces no es lo difícil, la dificultad está en ese proceso en el cual soy preparado para cumplirla. ¿De qué le serviría a una persona descubrir que quiere ser arquitecto si nunca busca la oportunidad de prepararse antes de edificar su primera obra? De seguro yo no confiaría en él para que construyera mi casa, y seguro usted tampoco lo haría. Una casa representa el refugio físico más importante para cualquier persona, de manera que ninguno quisiera depender de alguien que, por más que le motive ser arquitecto, nunca se ha preparado lo suficiente para ejercer su profesión o diseñar cualquier inmueble responsablemente.

Durante mi juventud, Dios me ha permitido conocer que sus planes para mí son buenos y que son mejores que los planes que yo mismo podría diseñar para mí propia vida. Suelo decir con frecuencia: “Dios tiene mejores planes para tu vida que los que tú, durante toda tu vida, podrías planear para ti.” En ese continuo proceso de descubrimiento, Dios me ha provisto de herramientas poderosas para cumplir su voluntad para mí. Pon atención a la segunda parte del versículo 48 del doceavo capítulo del evangelio según Lucas: “(…) a todo el que se le ha dado mucho, se le exigirá mucho; y al que se le ha confiado mucho, se le pedirá aun más.” (NVI)

Dios sin duda me ha dado muchas cosas, pero también me ha confiado otras. No es lo mismo que alguien te una cosa a que te confíe otra. Yo puedo darte algo diciéndote que es tuyo, pero si te digo que te está siendo confiado cambiaría radicalmente el asunto. En este caso ya no podríamos decir que es de tu pertenencia sino que está siendo entregado en tus manos con la intención de que algún día vuelva a las mías.

Dios ha diseñado un plan especial para ti y te está invitando a que lo descubras pero que también te prepares para cumplirlo con la responsabilidad necesaria. En el trayecto, te dará cosas pero te confiará algo que no es de tu pertenencia sino más bien de él: sus hijos. El comprender que no te están siendo entregados sino más bien confiados te permite entender la enorme responsabilidad que cae sobre tus manos porque tu tarea será retornarlos dando cuentas de lo que has hecho con ellos.

De manera que Dios te dará cosas, pero te confiará lo más preciado para él: las personas; ya que de toda su creación, son su más valiosa heredad. Las cosas que nos ha dado han sido creadas para ser usadas, pero las personas han sido creadas por él para ser amadas. Lamentablemente la inmoralidad del mundo ha enseñado a alterar el propósito de cada una, educándonos a amar las cosas y usar a las personas.

La voluntad de Dios, independientemente del plan que él haya diseñado para ti, es que comprendas el valor que merece cada una de las cosas que él te ha dado y las personas que te ha confiado. En mi caso, esta enseñanza ha abierto mis ojos comprendiendo que las personas que Dios me ha confiado para guiar con Su Palabra y dirección requieren de un cuidado minucioso. El versículo 48 dice que tanto de lo que Dios nos da como de lo que nos confía pedirá cuentas, pero hace un especial énfasis en “pedir aún más” de aquello que nos ha confiado.

La Palabra nos enseña a amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a nosotros mismos. Estas palabras en labios de Jesús, nos declaran abiertamente que tanto las cosas como las personas merecen su lugar en nuestros corazones. En una ocasión pedí a mi equipo que cerrara sus ojos mientras imaginaban sus sueños en cumplimiento. Luego de  unos instantes les pedí que los abrieran, y me atreví, sin pedirles que me dieran detalles de lo que habían imaginado, a decirles que seguro habían visto cosas y personas en sus sueños. Les traje a su memoria uno de los principios que más acostumbro repetir: no existe sueño que haya nacido en el corazón de Dios que no incluya personas. La pregunta que cada uno debía hacerse es, ¿qué valor tenían cada una en su sueño? ¿En qué estaba más enfocado el propósito de su sueño, en las cosas o las personas que imaginaron?

Nacimos para ser bendecidos y para ser de bendición a otros. Lo que sucede es que muchas personas sólo quieren recibir las bendiciones pero no están dispuestas a ser la bendición que Dios quiere que seamos para con los suyos… nuestros prójimos. ¿Cómo en este caso podrá entonces Dios confiar a sus hijos a quienes no comprenden este valioso principio? Jesús debió saber lo que estaba diciendo cuando pronunció esas poderosas palabras. Debe haber escudriñado bien el corazón de su gente sabiendo que el valor material muchas veces se sobreponía al espiritual. En consecuencia, si a uno le confían personas bajo su cuidado pero no comprende aún lo que significan para Dios correrá el riesgo de “usarlas” para su propio beneficio en vez de “amarlas” para el beneficio de ellas. El amor lejos tiene que ver con recibir, sino más bien con el dar.  De manera que la actitud normal de alguien que usa a las personas es recibir algo de ellas en vez de entregarse por completo a ellas.

Estoy a pocos meses de convertirme en padre de lo que será un hermoso niño. La paternidad me ha cambiado por completo para bien. Mi oración a Dios ha sido que me dé ese mismo favor y esa misma gracia que debió haber encontrado en José y María para confiarles a ellos a su único hijo. Jesús no fue dado en posesión a ellos, sino fue confiado para su cuidado. ¡Qué enorme responsabilidad, pero qué enorme privilegio también!

Muchas historias en la Biblia nos enseñan de la confianza que Dios depositó en varios de sus hijos: en Adán al confiarle el cuidado de Eva, en Abraham al confiarle el inicio de un legado del cual surge una generación que hasta hoy en día existe, en Noé al confiarle la responsabilidad de construir un arca, en Moisés al confiarle a Su pueblo sacándolo de un lugar y llevándolo a otro mejor; Elí al confiarle la crianza del profeta Samuel en el Templo, en David al confiarle el reinado de Israel; a José y María confiándole al unigénito de Dios; a Pablo, todos sus discípulos; a ti, confiándote a tu cónyuge, hijos, discípulos, amigos, colaboradores en el trabajo para que seas de bendición para ellos entregando lo mejor de ti según el papel que debes desempeñar responsablemente con cada uno.

Empecé este artículo explicando que conocer la voluntad de Dios no es suficiente, hay que prepararse para cumplirla (Lucas 12:47). Dios quiere que progresivamente vayamos alcanzando la madurez necesaria para ir colocando en nuestras manos los recursos necesarios para hacer cumplir su plan en nosotros. La Biblia habla claramente que los que son fieles en lo poco son puestos en lo mucho. De manera que la buena administración de dichos recursos por poco que sean tiene por consecuencia inmediata la entrega de más recursos para nuestro cuidado. Sean recursos materiales (cosas) o recursos humanos (personas) lo que Dios ponga en nuestro camino, recuerda bien que sobre ambas nuestros corazones serán medidos, pero “aún más” sobre las que han sido confiadas (v.48).

Recuerda que una cosa es aprender a confiar en Dios, pero otra es pedirle a Él que confíe también en nosotros. Él quiere hacer cumplir su voluntad en nuestras vidas pero quiere que nosotros responsablemente nos preparemos día a día para no “darnos muchos golpes” (v.47). Aprende a reconocer que Dios no te puso en la Tierra sólo para beneficiarte de las personas sino también para que ellas se beneficien de lo que Dios te ha dado a ti. Dios confiará en ti conforme aprendas a darle a cada recurso el lugar y la función que le corresponde: usar las cosas y amar a las personas responsablemente. Sé fiel en lo poco que te ha dado y verás su mano darte aún más, pero no olvides que a quién más le sea dado, más le será pedido también. ¡Dios te bendiga!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
19
Feb

¿Tu sueño o Su sueño?

Como director de un ministerio tan inusual que se esfuerza por ministrar los sueños de las personas, comúnmente la gente me pregunta, “¿cómo podés estar seguro que tu sueño es de Dios y no de tu propia inspiración?”

Primeramente déjame aclararte algo: Primero, Dios se inspiró en mí para darme un sueño único.  No es que yo me haya inspirado en mí mismo, sino Dios se inspiró al crearme, así como lo hizo contigo también. Al hacerlo, te dio un propósito único que encaja en sus planes para este tiempo y para la generación a la cual pertenecemos. (Romanos 8:28)

Para estar seguro que estás soñando un sueño de Dios y no una meta personal inspirada por tu propia naturaleza humana debes hacerte dos preguntas esenciales:

PRIMERA PREGUNTA: ¿Lo que estás soñando lo podrías hacer con tus propias fuerzas? Los verdaderos sueños que vienen de Dios son tan grandes y tan sobrenaturales que no podrías cumplirlos sin su cobertura. Moisés jamás habría logrado el sueño de Dios sin la presencia que lo respaldaba en cada paso que daba.  Así también se cumple este principio en historias como las de Noé, Elías, David y Pablo, entre otros.  Como Dios es un ser sobrenatural, un verdadero sueño de Dios tiene que ser sobrenaturalmente posible, y por consiguiente naturalmente imposible.

SEGUNDA PREGUNTA: ¿El sueño que tengo sirve para bendecir los sueños de otros? Ese es el gusto de Dios (“It´s God’s taste.”), que lo que sueñas, sirva de bendición en el cumplimiento del sueño de otras personas. Volviendo al tema de Moisés, este fue un siervo que vivió para cumplir el sueño de Dios y la promesa que le había hecho a un pueblo que soñaba con su libertad y con una tierra en la que fluía leche y miel.  Tu sueño debe ser una catapulta de bendición, para que los sueños de quienes te rodean, suban a nuevos niveles.  Ese es el gusto y estilo de Dios.  Tu sueño, por consiguiente tiene que superarte a ti, ¡debe ser superior a tu propia vida!

Durante cinco años, Ministerio Ondas incansablemente ha trabajado por contestar afirmativamente a estas dos preguntas. Todo lo que hacemos en Ondas, sirve para cumplir con estos dos principios: (1) soñar lo que nos parece imposible para el hombre pero posible para Dios y (2) bendecir los sueños de otras personas.

Ministerio Ondas, a diferencia de lo que muchos puedan creer, no es una institución artística, o bien, que se enfoca en las artes… ¡para nada!  Nuestro enfoque son las personas.  Las artes son más bien un medio por el cual comunicamos e inspiramos a las personas a escuchar atentamente la voz de Dios que el mundo ha intentado distorsionar.  Pero nuestro único objetivo siempre ha sido el mismo: las personas.

Yo te reto a que te propongas meditar en estas dos preguntas que acabas de conocer.  Propón en tu corazón reservar un tiempo para encontrarte con Dios y meditar sobre tus sueños y metas personales. Recuerda que: no existe sueño ni visión que haya nacido en el corazón de Dios que no incluya personas. ¡Naciste para ser bendecido y ser de bendición a alguien más!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
25
Jan

Una taza de café con mi Papá

coffee-cupEn una ocasión, con tiempo a mi favor, pasé a desayunar a un restaurante mientras esperaba la hora para mi siguiente actividad. Siempre he sido de los que prefieren comer acompañado, de manera que lo hacía más por necesidad que por placer.

Tan pronto iba a bendecir mis alimentos se me ocurrió una inusual idea: invitar a comer a Dios conmigo. No es que no lo hubiera escuchado antes, pero al menos en mi caso, jamás lo había intentado realmente. Conocía lo que significaba que Dios bendijera los alimentos, así como la gratitud por tenerlos en mi mesa, pero nunca me había cruzado la idea de invitar a Dios a literalmente comer conmigo.

En pocos instantes, mientras saboreaba el primer bocado, sentí la presencia de Dios invadiendo el espacio en el que yo estaba. Me eché a llorar y me costó seguir comiendo. Supongo que no medí las consecuencias de lo que había pedido, pues no se puede invitar la presencia de Dios esperando que un ambiente permanezca intacto o igual. Desde aquél día, siempre tengo en cuenta que la presencia del Espíritu Santo puede acompañarme en cualquier momento y lugar, y que no puede esperarse que una atmósfera natural se mantenga igual cuando una visitación sobrenatural la ocupa.

Estamos acostumbrados a que Dios siempre aparece en los acostumbrados lugares y en determinados momentos, y encasillamos a Dios en espacios y tiempos definidos. Pero su Gloria y su magnífica presencia no pertenecen a un solo sitio específico. Eso sería ponerle límites a Dios. Dios quiere tener intimidad y comunión contigo siempre, y no tiene limitaciones para atender a tu llamado donde sea que su presencia sea invitada. Sé que es común escuchar que Dios te llama, pero también tú puedes hacerlo invitándolo a que permanezca a tu lado. Acuérdate que Dios promete que su presencia siempre irá contigo. De manera que él también disfruta tu compañía cuando dispones tu corazón para invitarlo.

padreNo recuerdo muchos momentos compartiendo precisamente café con mi padre terrenal (Fernando Arias B.). De hecho, no soy un bebedor de café habitual. Pero sí tengo muy en cuenta que cada ocasión que comparto en compañía suya, es inigualable. No habría sido lo mismo atravesar situaciones difíciles en mi vida sin la presencia de mi papá. La intervención de un buen padre en cualquier situación nunca pasa inadvertida.

Sé que no soy el único que ha experimentado visitaciones como las de aquella ocasión en la que invité a Dios a sentarse conmigo y beber una taza de café. Seguramente tú que lees esta nota has vivido momento como estos en distintas ocasiones, o quizás tengas el anhelo de tenerlo algún día. Lo importante es comprender que el Espíritu Santo tiene un estilo muy peculiar de sorprendernos, porque cuando lo hace, lo hace “de repente”. Invita a tu Papá a tomar una taza de café que gustosamente atenderá tu invitación. Habla con Él. Y por cierto, honra a tu padre terrenal en todo tiempo y en todo lugar.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
8
Jan

Un adorador con propósito: ¿qué significa ser un músico? (3a Parte)

Tocando con Marcos Witt en Noches de Navidad.

Ya son varias las personas que me preguntan qué siento cuando estoy ministrando “arriba” en la plataforma. Esto me ha motivado a escribir esta nota. Llevo 17 años de estar sirviendo activamente en el ministerio de alabanza y adoración en varios ministerios y grupos musicales, y durante este tiempo, nunca he tenido que decir: “Dios: hasta aquí no más… con esto es suficiente.”

Antes que nada quiero dejar claro que estas ideas y opiniones están estrictamente fundamentadas en vivencias y experiencias personales, por lo que no necesariamente reflejan la opinión de todo adorador musical.  Es simplemente una breve síntesis de lo que he vivido durante mi trayectoria musical en el ámbito cristiano.

Ya en “MI TESTIMONIO COMO ADORADOR” (en este mismo Blog) tuve la oportunidad de contar cómo es que me inicié en esto de la música. Ahora, simplemente describiré lo que se siente estando “allá arriba” del escenario cuando la presencia de Dios cae y ministra a su pueblo.

Esto es una continuación de la nota  ”Un adorador con propósito: ¿qué significa ser un músico?”  He decidido compartir una serie de ideas acerca de la adoración según lo que mi trayectoria musical de 17 años me ha enseñado.

Te recomiendo leas los primeros 14 principios en la Primera y Segunda Parte antes de entrar en esta tercera. Las encontrarás en este mismo Blog.

15. Los sonidistas son los primeros en llegar y los últimos en salir. Muy cierto. Después de tantas presentaciones y escenarios en los que he tenido el privilegio de tocar, me he topado con la lamentable situación de ver al sonidista llegar después de los músicos o cantantes. Y en el peor de los casos, verlos retirarse antes que todo el mundo. Si bien esta nota se trata de músicos y no de ingenieros de audio, he visto que muchas veces el sonidista es también músico o viceversa. En Seminarios que he impartido en distintos ministerios, siempre motivo al sonidista a estar pendiente de todo. A comprender la enorme responsabilidad de su trabajo.

16. “Debo buscar la oportunidad de lucirme en el escenario”. ¡Cuidado! El verdadero adorador sabe hacerse invisible para que la gloria

Tocando en la grabación del DVD de Fernel Monroy.

de Dios sea mucho más visible que él. Suelo recibir buenos comentarios de mis participaciones en distintos conciertos, pero busca esa oportunidad para decirle a quien me elogia que no soy yo a quien vieron, sino a él.

17. Los “solos” son “sólo solos”. Falso. La mayoría de veces los “solos” necesitan una buena base musical que los demás músicos deben facilitar a quien está “soleando”. Aunque les llamamos “solos” en realidad es un fuerte y armonioso trabajo en equipo. En mi caso, por ejemplo, suelo coordinar mis solos con el baterista y el pianista, quienes en mi caso, son con los que más que comunico cuando “soleo”. Además, los solos son la excelente oportunidad para alabar a Dios con nuestro instrumento y exaltarlo a lo máximo. Sin embargo, muchas veces los músicos aprovechan esta oportunidad para destacar y sobresalir del resto del grupo o bien recibir una par de buenas miradas de parte de otros músicos que están abajo de la plataforma. Recuerda: la humildad se PRUEBA en la Tierra pero es APROBADA o REPROBADA en el Cielo.

18. Hay instrumentos más santos que otros. Falso, al menos que nos estemos refiriendo a nosotros mismos como instrumentos. La santidad no fluye desde el instrumento, sino del intrumentista. Con frecuencia digo: “las congas son mi instrumento… pero YO soy el instrumento de Dios”. Mientras yo toco las congas para ministrar, él me toca a mí y me ministra.

Tocando en Casa de Dios, Guatemala.

19. Para sonar bien hay que tener el mejor instrumento posible. Relativamente cierto. Sin embargo, coloca al mejor músico frente al peor de los instrumentos y verás que lo hace sonar bien. Ahora, coloca al peor de los músicos frente al mejor de los instrumentos y hará poco o nada. Esto sól sirve para recalcar lo que tanto predico, el importante siempre es el músico y no lo que toca.

20. La música instrumental no es espiritual (cristiana…). Falso. Si fuera así, porqué Saúl pedía a David (un adorador por excelencia) que tocara su instrumento para que el espíritu malo que lo invadía lo dejara en paz. Con nuestras melodías y armonías hacemos muchísimo. Y para quienes no lo piensan así, pues tampoco acompañen entonces a predicadores con el teclado cuando están ministrando al final o durante el llamado al altar.

21. Sobre el escenario (en iglesias o templos) cuando el Pastor entra a ministrar la autoridad aún permanece sobre el Director de Alabanza. Esto es muy delicado. La cabeza es el Pastor y quien está dirigiendo la alabanza debería estar allí sólo porque el Pastor lo ha autorizado previamente. De manera que el Director debe aprender a ceder el espacio para que el Pastor haga lo que Dios le ha pedido hacer. Sé que a veces es tedioso puesto que he visto que muchos pastores no son “afinados” para cantar y distorcionan un poco la armonía cuando lo hacen, pero autoridad es autoridad.

22. Las pruebas de sonido son generalmente un desorden. Cierto, lamentablemente, pero eso no significa que sea correcto. En opinión mía, debe probarse el audio ordenadamente. Baterista, percusiones (si las hay), bajista, guitarrista, teclados, vientos (si los hay), voces de apoyo y voz principal es un orden recomendable, pero lo que realmente importa es que cada músico respete a quien le están probando callándose hasta que le avisen que es su turno tocar.

23. El ruido que sale del Templo -y que afecta a los vecinos- no hay que prestarle importancia. Falso. Irritar a los vecinos es una pésima forma de dar testimonio de lo que somos los cristianos. En experiencia propia cuando fui sonidista de un ministerio hace muchos años, llegué a ganarme la confianza de vecinos inconversos “y muy irritados” prestándoles atención a sus quejas hasta moderar el audio para no fastidiarlos. El resultado de esa atención fue que llegaron a la Iglesia y al final recibieron el mensaje de salvación. Esto no sólo es un asunto espiritual, sino se trata de respeto al prójimo.

24. Los músicos necesitan menos Palabra de Dios por tanto que lo cantan. Peligrosamente falso. No podemos ser abesos musicales pero desnutridos en Palabra. El músico que no escucha Palabra de Dios se desnutre y ni siquiera llega a comprender lo que canta. Existen músicos que no saben o conocen cuál es el Salmo 23, ¡y lo cantan o tocan!

25. Debo limpiar mi instrumento aunque no sea mío. Cierto. Sé responsable y agradecido… y limpia el instrumento de la casa de Dios. El músico que no es cuidadoso con su instrumento debería de leer las instrucciones que Moisés daba a los instrumentos del Tabernáculo. Es impresionante el lujo de detalles con que cuidaban cada elemento de ese lugar. Así deberíamos ser nosotros también. Además, quien no es fiel en lo ajeno, difícilmente Dios lo honrará con algo propio.



Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
7
Jan

AMOR a prueba de fuego

Todos estamos dispuestos a compartir los buenos momentos con aquella persona de quien estamos perdidamente enamorados. No es difícil soñar visitando juntos los lugares más paradisíacos del mundo, cenando en restaurantes lujosos, caminando de la mano frente al mar o incluso tomándose una preciosa fotografía para Navidad.  No obstante, nos cuesta a veces admitir que no siempre será así.

“La vida es como un dulce de muchos sabores en capas”, escuché a una persona decir una vez. Conforme va consumiéndose, se descubre un sabor dulce, pero en poco tiempo descubrimos una capa amarga, seguida quizás por una ácida antes que se vuelva dulce y placentero otra vez. De manera que la vida tiene colores y sabores agradables y otros no tan deseados. Sin embargo, en el caso del amor, nos cuesta aceptar la idea de que, en ocasiones, atravesaremos valles de sombra y de muerte con nuestros seres amados.

En fin, todos estamos dispuestos a compartir buenos momentos con quienes estamos enamorados. En mi caso, debo admitir que, con Ma. Eugenia, hemos compartido momentos tan dulces y memorables que ni una fotografía de postal podría representarlos. Desde aquellos tan sencillos como una risa imparable hasta que nos duelen nuestros vientres o una boda soñada, hasta una luna de miel en medio de una tormenta eléctrica en la playa… ¡ha sido una aventura de película!

Así también nos ha tocado enfrentar problemas juntos que, lejos de separarnos, nos han unido más. No obstante, durante mis años de ministerio, he tenido la penosa oportunidad de ver varias parejas que, a ojo humano aparentaban llevar una relación envidiable, y al cabo del tiempo, terminan separándose cuando experimentan pruebas de fuego: pruebas decisivas con las que se pretende revalidar la capacidad o la validez de un proyecto o persona, en este caso, la relación de pareja.

Todos piensan sólo en los buenos momentos que desean pasar junto a su amado(a), pero pocos consideran cómo será compartir las dificultades con esas personas. No es nada difícil compartir las alegrías, pero es a veces cuando se atraviesan pruebas de fuego que verdaderamente se fortalecen los lazos de amor y maduran las parejas.

No es que desee este tipo de pruebas a nadie, pero no podemos negar que le llegan a cualquiera. Lo importante no es saber si vendrán o no -ya que la mayoría de ellas no dan aviso previo- sino qué hacemos mientras permanecemos en ellas. La duración de un desierto no la determina su extensión o tamaño, sino la actitud mientras se atraviesa.

Permite que las pruebas de fuego sean oportunidades en las que juntos puedan fortalecer los lazos de amor que los unen. Si aún no estás en una relación pero deseas iniciar una con alguien en específico, ten presente que con esa persona disfrutarás de ese “dulcito” de sabores.

Los evangelios cuentan dos historias que personalmente considero fascinantes cuando las analizamos de esta manera. Jesús y sus discípulos estaban en una barca en medio de la tempestad. Sin embargo, en medio de ella, Jesús dormía profundamente, mientras sus discípulos temían su muerte. Capítulos más adelante encuentras a Jesús orando en un ambiente calmado y silencioso en el Monte de los Olivos mientras sus discípulos dormían profundamente entanto lo esperaban. Jesús oraba tanto en tiempos de calma que cuando llegaban tormentas como aquella en la que sus doce temían morir, él podía dormir como un bebé lo haría.

Nuestra conducta diaria pareciera hacer todo lo contrario. Oramos en medio de difícultades y olvidamos hacerlo en tiempos donde hay paz y tranquilidad. Jesús lo hacía al revés. Uno de los mejores consejos que suelo compartir con jóvenes enamorados -o en proceso de “enamoramiento”- es que aparten tiempo para orar juntos. La oración ha sostenido mi relación con mi esposa. Solemos hacerlo más allá de cuando vamos a compartir los alimentos a la mesa. No se ha tratado de la cantidad de horas que lo hacemos, sino la calidad de oración que buscamos tener frente al Padre, que al enfrentar momentos difíciles, salimos “a prueba de fuego”.

Busca apartar calidad de tiempo con Dios junto a tu pareja. Está bien buscarlo cuando estamos en medio de difícultades. Algunos buscan incluso consejería cuando sienten que ya no pueden ellos mismos. Pero en realidad, si invirtiéramos más tiempo juntos con Dios cuando las cosas van bien, ¡sería más fácil afrontar los tiempos cuando las cosas van por mal camino! Recuerda esto: cada lágrima derramada delante de la presencia de Dios es una menos que derramarías si él faltara en tu vida.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
9
Dec

Lección de Carácter

enojoLECCIÓN DE CARÁCTER: cuando estés tentado(a) a pecar por IRA o ENOJO aún siendo “injusto”, recuerda Santiago 1:20: “…la ira del hombre NO obra la justicia de Dios”. Mejor pon esto en práctica: “…dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. ¡¿Qué mejor que ese abogado en tu defensa?! -FERNANDO ARIAS

 
 
Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
9
Dec

La Ley de la Moneda

Fernando AriasDéjame compartir un principio que recientemente he comenzado a aplicar en mi vida que me ha ayudado a llevar una salud emocional más estable.  Hace un tiempo meditaba sobre los problemas que me “robaban” la paz.  De los más grandes hasta los más pequeños.  Y mientras lo hacía, algo en mí me llevó a recoger una moneda.

 

Viéndola con atención, escuché la voz de Dios que decía: “la mayoría de tus problemas –así como la moneda- tienen dos caras.  Pero tú vez un solo lado a la vez.”    Tomé un marcador y dibujé sobre un lado una cara feliz, y del otro lado, una triste.  El Señor me mostró en ese momento que los asuntos de la vida (como los problemas) tienden a mostrar su lado triste a quien los ve desde ese lado, pero a la vez, un lado alegre a quien los percibe desde el lado opuesto.  

 

Reflexionando en las palabras que Dios había sembrado en mi corazón, pensé en lo siguiente: cuando una persona lamenta que el neumático (llanta) de su vehículo aparece desinflado y que tendrá que usar una las monedas en su bolsillo para repararlo, no se da cuenta que otra persona será bendecida al recibir esa misma moneda por reparársela, y consecuentemente, pondrá alimento en la mesa de su familia. Es decir, en medio de una “adversidad”, ¡se ha generado trabajo!  

 

Así, brotaron más ideas en mi mente: cuando uno tiene la desdicha de perder una prenda de ropa, es la bendición de quien le venderá la próxima para reponerla.  O cuando alguien sufre de alguna enfermedad, es la oportunidad del médico para ofrecer sus servicios, y a cambio, recibir una moneda por ayudar. En pocas palabras, ¡todo era cuestión de enfoque!  

 

Lo que normalmente sucede, es que estamos acostumbrados a ver lasFernando Arias Blog  Ley de la Moneda situaciones desde una sola perspectiva, y lamentablemente, en el caso de los problemas y adversidades, lo hacemos desde el lado triste de la moneda, que usualmente es la única cara en la que solemos fijarnos.  Si dejaran de existir los problemas anteriores, no tendríamos entonces, “pinchazos”, tiendas de ropa, ni médicos, por ejemplo.

 

Cuando empiezas a descubrir el propósito de Dios para tu vida, entiendes que en realidad, Dios te creó para resolver un problema.  Aquello que te inquieta, que te indigna y que invade tus pensamientos produciéndote enojo por el deseo de verlo mejorar, es un indicio de lo que Dios quiere y puede hacer a través tuyo en estos tiempos.  Fuiste creado con el propósito de resolver un problema.  De manera que, sin darte cuenta, muchas veces a ti te corresponderá pararte del lado “sonriente” de la moneda cuando está en manos de otras personas; pues a ti te corresponde ser la solución a los problemas de muchos.  Y los demás, ¡muchas veces de los tuyos!  A eso, yo le llamo un “interdependencia social” que sin duda alguna debe existir entre los seres humanos: “Yo tengo lo que tú necesitas, y tú tienes lo que yo necesito”. 

 

continuará…

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
26
Oct

Días buenos y días adversos

luck-clover¿Qué sería del hombre si sólo conociera días buenos, y qué sería de él si sólo conociera días malos?

 

En muchas ocasiones escuchamos hablar y testificar de cómo el pasado negativo se convirtió en un presente positivo.  Pero, ¿qué sucede cuando es a la inversa… de un pasado positivo a un presente aparentemente negativo? 

 

Existen días buenos y también los hay malos.  La Palabra de Dios es muy clara en esto, mas muchas veces no estamos dispuestos a aceptarlo.  Tenemos la equívoca idea de que, por ser Hijos de Dios y coherederos con Cristo, seremos excluidos de las adversidades de la vida. 

 

Eclesiastés 7:10, dice: “Nunca digas: “¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos?”, porque nunca hay sabiduría en esta pregunta.

 

Primeramente, debemos comprender que no hay nada que podamos hacer por aquello que atravesamos algún día (haya sido bueno o malo), pero si hay mucho que podemos hacer por lo que estamos atravesando en nuestras vidas ahora mismo. Es cuestión de actitud.

 

Preste atención al siguiente pasaje: “En el día del bien goza del bien, y en el día de la adversidad, reflexiona. Dios hizo tanto uno como el otro, a fin de que el hombre no sepa qué trae el futuro.” Eclesiastés 7:14.

 

Dios está advirtiendo que existen tanto días buenos, como los hay malos.  Pero medite bien lo que dice al inicio del versículo anterior: “goza del bien”, y al final “reflexiona de la adversidad”.  No dice: “gozarás después del bien”, sino te exhorta a hacerlo en tiempo presente: “goza”.  Significa que el secreto para disfrutar la vida, está en una actitud positiva, ahora.   

 

Los días buenos, no son para estar revisando y reevaluando los días CB107397malos anteriores, o perder el tiempo pensando sólo en los postreros.  ¿Quién disfruta de sus vacaciones reflexionando sobre todo lo malo que ha pasado en su vida o que ha de sucederle mañana? ¿O qué padre ejemplar, durante su interacción con sus hijos, reflexiona sobre sus adversidades en la oficina?  Debemos aprender a gozar lo que Dios está dándonos en el momento en que estamos recibiéndolo.

 

Ojo, dice que nos gocemos en los días buenos y que reflexionemos en los malos. No que lo hagamos a la inversa.  ¿De qué sirve reflexionar en los buenos y gozarnos en los malos? Nada de sabiduría habría en ese principio. El problema de muchos cristianos, es que no disfrutamos los beneficios de la vida.  A veces llegamos al colmo de que otros los disfruten por nosotros. A eso, Eclesiastés le llama: vanidad.

 

Recuerde que Dios no necesita revisar su pasado para determinar tu futuro.  Él sabe que tendrá todo tipo de días: tanto buenos como malos.  Pero quiere enseñarle a gozar de uno, y meditar sobre el otro.  Él no está invitándolo a “quejarse” de la adversidad, sino a reflexionar sobre ella.  Adopte una actitud correcta.  Aprenda a administrar bien su día haciendo lo que la palabra le indica: disfrute de lo bueno y reflexione sobre lo malo. 

 

¿Qué puede hacer para reflexionar en lo malo? Hable con Dios y examine su corazón.  No pierda el tiempo pasándolo por alto ni huyendo de él.  Enfrente su adversidad de la mano de Dios.  Él hará sendas donde usted piensa que no las hay… ¡y le mostrará la salida!

 

Ministerio Ondas, Guatemala. C.A. Fernando Arias © 2009.  www.ministerioondas.com

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
20
Sep

Tu dinero en su lugar (2ª parte)

Me disfruto viendo a  María Eugenia (mi esposa) planificar la ida a la abarrotería mensualmente. Acompañarla al supermercado me llena de gozo porque veo cómo se disfruta comprando nuestros alimentos con la total confianza de que Dios seguirá proveyendo a través de mi trabajo. Ella no se preocupa si va a faltar o no, si alcanzará para terminar el mes o si acaso el mes siguiente habrá provisión o no. Al contrario, muy confiadamente toma la carreta y, apegándose a nuestro presupuesto, compra tranquilamente, satisfaciendo aún “caprichitos” gastronómicos míos… Ese nivel de seguridad y confianza al comprar nuestros abarrotes me ha inspirado a escribir la segunda parte del artículo “Tu dinero en su lugar”.

“Busca primeramente el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás será añadido.” La fe de María Eugenia es una de sus cualidades que a mí más me gusta de ella. Ella sabe que tiene un Padre Celestial que le ha dado todo cuanto ha necesitado en la vida y a la vez tiene la seguridad de estar con alguien, que no hace mucho tiempo en un altar, prometió ser su proveedor encargado de suplir toda necesidad como su esposo. 

Proverbios 4:28 dice que sobre toda cosa guardada debemos guardar nuestro corazón. Sin embargo, y sobre todo en estos tiempos en que se habla de escasez, he visto que las personas guardan sobre cualquier otra cosa, su dinero. Están afanadas por guardarlo en los bancos más confiables y seguros. Meditando sobre esto, mientras escribía esta serie, Dios habló a mi corazón: “Dale a tu dinero el lugar que le corresponde… tu billetera, NUNCA el corazón.” Viendo a mi esposa administrar confiadamente los recursos de nuestro hogar, puedo ver cómo nuestro estado financiero nunca ha afectado su estado emocional. Eso es un indicador que el dinero no ocupa un lugar en su corazón.

¿Estás siendo afectado emocionalmente por la falta de recursos en tu vida? Déjame confesarte que por mucho tiempo yo respondí afirmativamente a esta pregunta. La falta de dinero en mi bolsillo era razón para que no pudiera pensar en otra cosa. A veces, la necesidad no se había presentado aún, mas yo ya había sido emocionalmente afectado por la “idea” de que llegaría y que yo no tendría cómo afrontarla.

Recuerdo que cuando iniciábamos la planificación de nuestra boda, yo pasaba más tiempo haciendo números y presupuestos que disfrutando el compromiso. No obstante, al comprometernos, vimos que en realidad era Dios quien se encargaría de nuestros asuntos y fue así como él proveyó para que nada de lo que nosotros queríamos faltara ese día. Es más, aprendimos que era mejor planificar el matrimonio que la boda misma. Después de eso, supimos que deleitarnos en él era todo lo que debíamos hacer para que él se encargara de darnos todo cuanto necesitábamos. “Deléitate asimismo en el Señor y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmos 37:4). Cuando aprendimos a deleitarnos en él, todo nos fue concedido según lo que queríamos.

He aprendido que en esta vida no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. ¿De qué te sirve tenerlo todo, pero padecer de un cáncer que ni con todo el dinero del mundo podrías comprar tu sanidad? El dinero pudo comprarme una boda, pero nunca mi matrimonio. Por eso, debes entender que el dinero sólo te compra cosas temporales, nunca eternas. Hubo un tiempo en que los reyes de este mundo eran enterrados con pertenencias para que todo cuanto tuvieran acá, se lo llevarán consigo a su eternidad. En realidad, la Biblia dice todo lo contrario afirmando que nada de lo que aquí tenemos podremos llevarnos.

Desde que comprendí estos principios -y los que en la primera parte de esta serie presenté- ir al supermercado con mi esposa es una bendición. Cada libra de alimento que ella pone en la carreta, es un recurso más para estar agradecido con Dios por ser él quien me bendice para seguir poniendo pan en mi mesa.

¿Dónde están tus tesoros? La Biblia dice que allí estará tu corazón. Te invito a confiar más en Dios y menos en tus riquezas. Recuerda que en el mundo pueden haber muchos dioses hechos de oro y plata, pero no hay uno que sea el dueño de ambas… ¡ese es tu DIOS! Deja tu dinero en tu billetera, y dale ahora a Dios el lugar que le corresponde, tu corazón.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
15
Sep

Libres de la envidia

libertad¿Qué tienen en común Abel, José y Jesús? Los tres fueron víctimas de la envidia. Abel fue víctima del primer asesinato de la humanidad cuando Caín, su hermano, lo mató porque al padre de ambos agradó más la ofrenda de Abel.  José gozaba de un aprecio especial por parte de su padre y eso incitó envidia entre el resto de sus hermanos hasta que casi lo mataron. Jesús murió por causa de su misma gente. Sin embargo, a diferencia de Abel, resucitó.

 

¿Celos o envidia? Si la palabra “celos” fuera mala en su totalidad, o bien, ser “celoso” fuera impropio, Dios no se describiría a sí mismo como un Dios que cela. Sin embargo, en ninguna parte leemos que se refiere a sí mismo como “envidioso”, porque Dios es amor y el amor puro no envidia.  

 

“…porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,” Éxodo. 20:5

 

“Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.” Deuteronomio 4:24

 

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;” 1 Corintios 13:4

 

 

Comúnmente pensamos que los celos y la envidia significan lo mismo, pero al menos espiritualmente no lo son del todo. “El celo”, por una parte, significa anhelar lo que otro tiene. Sin embargo, costaría reconocer la “maldad” en una sencilla expresión como esta: ¡Cuánto quisiera beber un vaso con agua tan refrescante como el que aquella persona bebe en medio de este calor! La expresión no tiene nada maldad en sí misma porque no vemos malas intenciones en quien cela beber algo refrescante, tal y como lo hace la otra persona en este ejemplo. 

 

La envidia, por otra parte, significa algo distinto: desear que el otro pierda lo que tiene, aunque uno mismo nunca llegue a conseguirlo.  Definitivamente, esa es una cualidad que nunca podríamos ver en Dios.  De hecho, la envidia es un sentimiento contrario al corazón de Dios porque implica alegrarnos por los fracasos del prójimo y entristecernos por sus logros. También significa la incapacidad de reconocer los éxitos ajenos.  

 

Proverbios compara la envidia a una enfermedad que carcome los huesos (Proverbios 14:30). Esto es semejante al cáncer que contamina una parte del cuerpo pero lentamente, y a paso seguro, se expande por todo el cuerpo hasta matarlo.  El peligro de envidiar es que sólo se requiere empezar envidiando algo insignificante para que luego nos demos cuenta que nuestra vida entera es una pérdida total porque pasamos más tiempo estudiando lo que otros tienen y que a nosotros nos falta. happiness1 

Deseos como estos -celos mal encaminados o envidias- motivan a muchas personas a querer tomar lo que no les pertenece ni corresponde tener. Esto es igual al robo o hurto.  La tarea de un ladrón es quitarle las pertenencias que le faltan a quienes las tienen. Lo mismo hacen los celosos y envidiosos de espíritu, pretenden que Dios haga con ellos cumplir su propósito igual como lo hace con otros –quieren la misma unción, el llamado, los dones y talentos, etc.- se alegran de que otros fracasen en el cumplimiento de sus propósitos o simplemente son incapaces de reconocer la gracia y favor que el Padre tiene para con el prójimo.

 

 

Los celos mal encaminados y la envidia deben ser reconocidos como un pecado.  Además en los mismos mandamientos (Éxodo 20: 1 – 17) podemos ver varias formas en que Dios condena actitudes que con frecuencia son motivadas por la misma envidia: “No codiciarás…”, “No matarás…”, “No hablarás contra tu prójimo falso testimonio.”, “No cometerás adulterio.” 

 

fathershandPídele a Dios que te libre de ella. Muchas veces no envidiamos, pero sin saberlo ya hemos sido envidiados por otros.  Debemos pedirle al Señor –así como Jesús mismo lo enseño orando el Padre Nuestro- que no nos deje caer en la tentación de envidiar y que seamos librados de ella. Un corazón libre de envidias y celos incorrectos está conectado con la paternidad de Dios.  Es un corazón humilde y agradecido. Un padre siempre se goza con sus hijos y se entristece con ellos también. Los sentimientos de un buen Padre siempre están conectados con los sentimientos de sus hijos. Conecta tu corazón al sentimiento más puro de tu Padre: un amor sin acepciones.   

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
6
Sep

Las cuatro llaves de los sueños

Hace algunos años, tomé la decisión de renunciar a mis sueños personales. Quizás mi decisión te parezca fría y radical, pero lo hice porque descubrí un principio que cambió mi vida por completo: “Dios tenía mejores sueños para mi vida que los que yo en toda una vida podría soñar para mí.”  Es decir, Dios tiene mejores planes para tu vida, que los que tú, en toda una vida, podrías planear.

De manera que me pregunté: ¿de qué sirve perseguir mis sueños personales, si los que Dios tiene para mí son mejores aún? En Génesis 15 conocemos a un hombre con quien Dios tuvo un trato especial. Se trata de Abraham, quien como todo buen hombre y esposo, quería un hijo. Sin embargo los planes de Dios para con él eran distintos, pues Abraham quería un hijo y Dios quería para él un pueblo.

En los evangelios leemos la historia de los pescadores a quienes Jesús los invita a pescar, mas no a peces, sino a hombres. Nunca les cambió su profesión, pues continuaron siendo pescadores, pero sí les cambió la pesca. Además, les cambió su herramienta de pesca quitándoles una red y dándoles autoridad en Su Palabra.

De manera que aprendí que Dios no cambia nuestros sueños, pero sí los reenfoca para cumplir con Su propósito. Entendí que no se trataba de mí sino de él en mí.

Hebreos 10:35-36 “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene una gran recompensa, pues os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.” (RV 1995)

Meditando hace un tiempo sobre los sueños, Dios habló a mi corazón revelándome un proceso que todo sueño debe atravesar antes de su cumplimiento o realización. Se trata de cuatro etapas fundamentales –a las que aquí les llamo “llaves”- que he decidido compartir contigo para ayudarte durante esa difícil travesía. Para ello, te recomiendo que anotes o prestes muchísima atención a cuatro palabras que quiero que guardes en tu corazón: Instrucción – Obediencia – Paciencia – Promesa.

Instrucción: primera llave

Todo proceso creativo de Dios se inicia con una instrucción que él mismo da. En Génesis 1 te darás cuenta que el primer verbo que aparece en la Biblia es crear: “En el principio creó Dios…” (Gn. 1:1) Nada era creado sin antes recibir una instrucción de la misma boca de Dios. Él decía “hágase…” y se hacía así la luz como todos los demás elementos de la creación. Cuando Dios va a iniciar algo con alguien, lo hace dando una instrucción. Así lo hizo con Noé, Abraham, Moisés, Jonás, etc.  Ninguno de ellos pidió el sueño… Dios lo colocó en sus corazones. Eso distingue un sueño nacido en el corazón de un hombre y el que nace en el corazón mismo de Dios. Los sueños de Dios no son “auto-impuestos” son impuestos por él mismo. El sueño de Dios para tu vida dará inicio cuando entiendas que Dios te está llamando -no a hacer algo por ti mismo-, sino porque él quiere hacer algo a través tuyo.  

Obediencia: segunda llave

Poco se lograría con la instrucción sino fuese acompañado de un espíritu obediente. Me imagino qué habría sido de Noé, Abraham y Moisés sino hubiesen sido obedientes a las instrucciones de Dios. Me parece fascinante –más algo preocupante a la vez- que a Adán no se le hubiera “antojado” Eva.  Había instrucción: reproducirse y poblar la Tierra y así lo hicieron. Sin embargo, ellos mismos fallaron en otra instrucción: no comer del árbol cuyo fruto era prohibido. Así, la historia de la humanidad se ha escrito en función de las decisiones que unos han tomado y otros han dejado de tomar. Tú obediencia –o falta de ella- a lo que Dios quiere hacer a través tuyo puede desencadenar una serie de hechos que cambie literalmente el destino del hombre.

Paciencia: tercera llave

No existe promesa de Dios que sea entregada en manos de un hombre sin antes haber probado su paciencia. Es curioso que Dios no se conforme con la obediencia, pues es durante el término de la espera de la promesa que él prueba y afina nuestro carácter para recibirla. Es la academia que debemos cursar y aprobar previo a una promoción. Es el desierto que tuvo que atravesar Moisés con el pueblo. Una travesía que no estaba destinada a durar cuarenta años, pero la “impaciencia” del pueblo les costó una generación completa y años de espera. La promesa no vino sino hasta que Dios tenía a su pueblo preparado para recibir la tierra prometida.

Debes entender que, así como en un embarazo, Dios no puede darte prematuramente su sueño. El quiere que atravieses un proceso en el cual se asegurará que estés cumpliendo su voluntad (Hebreos 10:36) y no la tuya propia. Estoy convencido que esa es la prueba más difícil de pasar… comprender que las promesas de Dios para nosotros deben cumplir su voluntad y no la nuestra.

Una madre sabe que el galardón más grande no es el embarazo, sino el alumbramiento. Sostener al bebé en sus brazos es la recompensa de nueve meses de espera. No obstante, un descuido durante este término puede traer consecuencias de vida o de muerte. Hay quienes desearían que su sueño “dé a luz” de inmediato. Eso es equivalente a una madre que desea un parto prematuro. La vida del niño correría tanto peligro como la del sueño por nacer fuera de su tiempo.

Promesa: cuarta llave

Es la culminación del proceso. En esta etapa, el carácter del soñador ha sido afinado por Dios. Es el premio por haber aprendido a confiar en Dios (v.35) y haber esperando pacientemente (v.36) a que él cumpliera su voluntad en nosotros.

Ahora, lo más poderoso de esta revelación está en lo siguiente: en cada una de las anteriores etapas, ¿a quién le corresponde cada papel? La instrucción (a Dios); la obediencia (a ti); la paciencia (a ti) y la promesa (a Dios). Dios lo empieza y él lo termina. Como diciéndote: “lo que una vez puse en tu corazón que yo haría por ti, por cuanto has sido obediente y fiel a mí pues has sabido esperar pacientemente, YO mismo lo pongo ahora en tus manos porque mi Palabra NO REGRESARÁ A MÍ VACÍA… sino que cumplirá el propósito por la cual la envié.” Sin embargo, aunque a él le toca el último papel, a ti te da el honor de disfrutar la promesa, mientras él se deleita viéndote a ti disfrutarla. Durante “la obediencia y la paciencia”, no es que Dios haya olvidado tu promesa, sino que es cuando él más está trabajando por ti y en ti.

Como verás, tomé la decisión de renunciar a mis sueños porque sé que Dios sueña mejores cosas para mí. Renunciar a ti mismo quizás sea la mejor idea en tu caso. Dios crece MÁS en nosotros cuanto MENOS  pensamos en nosotros.

¿Sabes por qué Dios se merece que seamos pacientes para esperar su promesa? Porque él ha sido suficientemente paciente con nosotros para saber cuándo entregárnosla.

Acabo de revelarte quizás el misterio más grande que Dios a mí me ha revelado en cuanto a los sueños. Espero sea de provecho para ti como lo ha sido para mi desde entonces. ¡Que Dios te bendiga!

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn
2
Sep

Tu dinero en su lugar

Recientemente me ha inquietado mucho la pregunta sobre los tres deseos. Aquella a la que ilusoriamente las personas responden esperanzadas: “salud, dinero y amor…”. Meditando en esta respuesta, Dios habló a mi corazón diciéndome: “¿te das cuenta cómo muchas veces lo último que la gente prioriza es el “amor”?”

La Biblia nos exhorta a no poner nuestra esperanza en nuestras riquezas –que son inciertas- sino en Dios que nos da todas las cosas en abundancia y para que las disfrutemos (1 Timoteo 6:17). No obstante, es evidente ver, sobre todo en estos tiempos, que la esperanza de muchas personas está más puesta sobre sus estados financieros que en Dios.  Hay quienes no duermen tranquilos porque el banco al cual han confiado sus riquezas, podría amanecer en la quiebra. Algunos dirigen su esperanza al “sube y baja” de la bolsa de valores, mientras otros en sus carteras de clientes y negocios. Nos hemos encargado de enseñarle al mundo entero a confiar en asuntos terrenales, a tal punto que hemos olvidado que tenemos un Dios que es dueño del oro y de la plata.

Proverbios 4:23 Nos dice que sobre toda cosa guardada, debemos guardar nuestro corazón. Mientras leía ese versículo, una voz en mi espíritu me decía que muchas veces, lo que las personas menos guardan es precisamente el corazón. A cambio, atesoran y guardan sus riquezas sobre cualquier otra cosa. Ellos están más esperanzados en lo que indican sus estados de cuenta bancarios acá en la Tierra que los tesoros que hay para ellos en el Cielo. 

Tienes idea de cuánto dinero tienes almacenado ahora mismo en tu billetera, o quizás en el banco. La mayoría de personas responderíamos afirmativamente. Al menos tenemos una idea de cuánto hay. Sabríamos si contamos con el dinero suficiente para adquirir una determinada cosa, o no. No obstante, ¿sabes acaso cuánto tienes ahorrado en el Cielo? Existe una cuenta de ahorro en el Cielo con tu nombre de lo que has depositado acá en la Tierra. Pocos –lamentablemente muy pocos- tendríamos acaso una noción de cuánto podría ser. Depositamos en nuestras billeteras y en los bancos nuestras riquezas y las contabilizamos al máximo. Hacemos lo mismo en el Cielo mediante diezmos y ofrendas, y nos cuesta saber cuál es el saldo de nuestras siembras.

Meditando en este principio y mientras me preparaba para este mensaje, Dios me habló de nuevo: “Dale a tu dinero el lugar que le corresponde… la billetera y nunca tu corazón.” La presencia de Dios habita en mi corazón y él no está interesado en compartir esa habitación con nada ni nadie. Es más, la Palabra dice que no podemos servir a Dios y a las riquezas, como dándonos suficientes argumentos para entender que ambas no pueden ocupar un mismo lugar en nuestras vidas.

Dios, siendo el dueño del oro y de la plata, no quiere que pongas tus esperanzas en las cosas de este mundo, sino en él. Es el más sólido banco que puede existir. En el Reino de los Cielos no existe la escasez, robo, crisis… Hay de todo y en abundancia. No es que Dios escatime darte lo mejor, es que quiere que no te enfoques en la bendición sino en la fuente de la bendición que es él mismo.  Ahora bien, 1 Corintios 9:7 dice “cada uno dé como propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad…”. Debemos dar con alegría y gozo de corazón, pero no porque allí estemos atesorando las riquezas sino porque tenemos corazones agradecidos por lo que Dios ha hecho a través de nosotros. Así como los sueños son la memoria de la mente, la gratitud es la memoria del corazón, y de allí surge una adoración profunda que nos motiva a dar lo mejor de lo que de Dios hemos recibido.

Volviendo a la pregunta inicial de los tres deseos: salud, dinero y amor. Te reto a que aprendas a priorizar estas tres necesidades. El amor no puede comprarse con dinero, y aunque el dinero pueda comprarte medicamentos para tratar tu enfermedad, nunca podrá hacer lo que el amor puede lograr por medio de la fe. Eso lo aprendemos en la mujer que durante años gastó todo lo que tenía por padecer de flujo de sangre. Definitivamente el dinero no pudo comprar lo que el amor gratuitamente le regaló… su sanidad y la vida eterna.

Compartir:
  • Facebook
  • RSS
  • Twitter
  • LinkedIn