Libres para confiar (parte 2)

prayerEn “Libres para confiar (Parte I)” vimos que no sólo se trata de aprender a confiar en Dios, sino de pedirle a Dios que tampoco deje de confiar en nosotros para cumplir sus planes. Concluyamos pues, esta reflexión sobre cómo ser libres para confiar.

 

Es común escuchar entre las personas que si tuvieran la oportunidad de pedir tres cosas –cualesquiera- la mayoría tiende a mencionar: salud, dinero y amor; y en ese orden.  Quizás algunos especifiquen que anhelan es ser sanos de alguna enfermedad (eso cabe en la categoría de salud), otros pedirán éxito en sus negocios (lo cual suele implicar prosperidad económica) y quizás algunos mencionen (parejas, matrimonio, restauración familiar, etc.) que sería, en resumen, amor (o al menos afecto).

 

No importando cómo se ordenen o especifiquen, conforman las tres peticiones más comunes en el mundo, sin discriminar culturas, religiones, clases o grupos sociales. ¿Tendrá algo de malo anhelar prosperidad en esas tres áreas? Desde luego, no.

 

Pero analicemos esta conocida e interesante historia. ¿Qué fue lo que el rey Salomón le pidió a Dios cuando Dios le dijo que le pidiera lo que quisiera? (1 Reyes 3:3-15). Salomón amó a Dios, guardó sus estatutos y reconoció que Dios es grande en misericordia, sobre todo con los que andan delante de Él en verdad, en justicia y en rectitud de corazón.  A cambio, Salomón tuvo la oportunidad pedir a Dios lo que quisiera, pero a pesar de ser un muchacho joven, reconoció algo prioritario y le pidió a Dios un corazón entendido (sabiduría), para juzgar al pueblo y para poder reconocer lo bueno y lo malo.  Dios en recompensa le añadió a Salomón riquezas, reconocimiento y gloria.

 

De manera que aquí tenemos el ejemplo de alguien que no pidió ninguna de las tres peticiones humanas más comunes: salud, dinero y amor. En cambio pidió algo que en lo personal me impresiona grandemente: la sabiduría -para administrarlo todo-.

 

En realidad, la gente suele pedir salud, dinero y amor, debido a que nunca se han dado cuenta que las tienen, o bien, porque los han perdido. ¿Estás vivo? Sí, entonces entiendes qué es salud. ¿Te ha faltado alimento o vestuario? No. Entonces has tenido dinero con lo cual has podido sustentarte.  ¿Crees en Dios y en su Hijo? Sí, entonces has experimentado el amor. El problema es que queremos lo mismo pero en otras dimensiones, o quizás, otras manifestaciones. Es decir, no estamos conformes con sólo vivir, porque estamos tan acostumbrados a ello que nos cuesta agradecer un día más de existencia; cualquier alimento o vestuario no nos satisface y nuestra relación con un Ser Supremo pareciera a veces insuficiente.

 

Por si fuera poco, una vez alcanzamos la salud, el dinero y el amor, los confiamos a estándares de cuidado humanos e imperfectos. En cuanto a la salud, existen más personas dispuestos en confiar más en un fármaco que en la sangre de Cristo que nos sana, en un banco o un prestamista, que en el Dios del oro y de la plata y en una relación humana temporal que en una relación espiritual eterna.

 

Salmos 37: 4 – 5: Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón. 5 Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.

 

Lo que atrae mi atención de este versículo es que Dios nos invita a deleitarnos en su presencia, aprendiendo a confiar en él, y en consecuencia él hará. Sin embargo, muchas veces hay personas que están dispuestas a confiar en Dios a partir de que les conceda lo que piden. En realidad, la Palabra nos enseña a hacer de una manera diferente. Deléitate, Encomiéndate, Confía y Recibe. ¡Qué bendición saber que podemos deleitarnos sabiendo que élprayer-21 obrará por nosotros! Ese es el nivel de confianza que Dios te invita a depositar en él.

 

De manera que toda tu salud, todo tu dinero y todo tu amor no tienen por qué descansar en manos humanas, cuando la Palabra te invita a encomendarlas a Dios. En manos de hombre pueden escurrirse o colarse entre los dedos y echarse a perder, pero en manos de tu Padre Celestial no sólo están seguras sino seguramente bendecidas.

 

En resumen, no descartemos que la confianza involucra a dos partes: alguien quien confía y a otro en quien es depositada la confianza. Debemos aprender a confiar a Dios todo cuanto nos pertenece, como también pedirle a Dios que confíe en nosotros la buena y sana administración de los regalos que nos da.   

2 Responses to “Libres para confiar (parte 2)”

  1. LUis PEdRo RAmIReZ says:

    QUE NITIDA LA SERIE DE APRENDER A SER LIBRES PARA CONFIAR A SIGO DSE MUCHISMIMA BENDICIONES PARA MI VIDA!!!!!!!!!!!111

  2. Alejandro says:

    Nunca dejan de sorprender sus artículos miles de bendiciones. saludos

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